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Reseña histórica sobre el origen del asentamiento que devino en la ciudad de Posadas

Roque Gonzalez de Santa Cruz Mucho se habla del próximo cuadringentésimo aniversario de la fundación de Itapúa, aunque al parecer más se lo recuerda del lado paraguayo del río Paraná. Esto es paradójico pues Roque González de Santa Cruz fundó inicialmente la reducción en lo que hoy es el territorio de Posadas y sólo luego de más de una década el P. Boroa trasladó el asentamiento a la margen derecha del río, hoy Encarnación. Es así que el primer antecedente de asentamiento estable registrado por la historia, en el sitio geográfico que hoy ocupa la ciudad de Posadas, capital de la provincia de Misiones, es justamente esta reducción. Es más, a ella le debemos los posadeños ser hoy día un crucial punto de convergencias de vías de comunicación con activo tráfico de producción y contingentes humanos.

Nos proponemos en adelante compartir unas reflexiones sobre este hecho histórico protagonizado por la tribu del Cacique Itapúa y Roque González de Santa Cruz, ya hace cuatro  siglos, en 1615. Trataremos de construir un relato de tono divulgativo pero la complejidad de las circunstancias históricas narradas y la meticulosidad necesaria para el análisis de las fuentes no siempre nos lo permitirán.

Leer más: Fundación de Itapúa 1615

En principio el título de este artículo parecería muy grandilocuente pero esa sensación se debe al desconocimiento que aún existe sobre la realidad histórica del hecho al que nos vamos a referir que justifica plenamente la expresión.

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En el Museo Udaondo en Lujan, provincia de Buenos Aires, se conserva una imagen que ha despertado entre los investigadores de la historia del arte, tanta admiración como polémica. Se trata de una pintura al oleo sobre lienzo de pequeñas dimensiones, 20 cm. de ancho por 24 cm. de alto. Un retrato de la “virgen María”, que para el académico Darko Sustersic constituye la “primera pintura de la historia del arte rioplatense”[1]  y “Una iconografía bizantina reinterpretada en las selvas sudamericanas”[2] 

Aunque generalmente se la conoce como la “Virgen de Habiyú” es posible encontrar referencias a ella con otros nombres como “la ‘Verónica’ del museo Enrique Udaondo”[3]  o  “Mater Dolorosa”[4]. En función del aspecto que queremos explorar en este trabajo nos referiremos a ella como “la Virgen de Habiyú”.

Sustersic es el investigador que más recientemente ha abordado el tema con la seriedad que un trabajo académico lo requiere, en su obra “el arte jesuítico guaraní y sus estilos” deja claro que “sería la obra más antigua del arte rioplatense” sobre el hecho que fue pintada en lo que hoy es Posadas afirma lo que hoy es conocido por la mayoría “Itapúa, donde dice haber sido pintada, se hallaba hasta 1621 en la margen sur del Paraná (Argentina) y después se trasladó a la otra orilla, al sitio de la actual Encarnación (Paraguay)”[5]

Esta obra de arte está datada a inicios del S. XVII y se presume intervino en su elaboración un autor guaraní, es de incalculable valor artístico, por su logro estético, por su antigüedad, por su autoría y la singularidad de su origen; la obra está fechada en Itapúa en el año 1618, en ese año la reducción de Itapúa se encontraba en la margen izquierda del río Paraná, en este sitio la fundó Roque González de Santa Cruz en 1615, a partir de un poblado autóctono, con el tiempo el asentamiento reduccional devino en lo que hoy es Posadas, capital de la provincia de Misiones[6].

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Una breve reseña histórica del rol que le cupo al tren en Misiones

locomotora 50

A mediados del S. XIX la idea que las personas tenían de la velocidad del transporte terrestre era muy diferente a la que podemos tener hoy en día, para la mayoría de las personas el rítmico paso del carretero caminando al lado del caballo o mula que tiraba de la carreta o la diligencia era el promedio de velocidad a la que aspiraban a moverse en los viajes. El caballo a todo galope era una excepción eventual en casos militares o en algunos del correo. Esto no quiere decir que un solo jinete y su caballo se desplazaran a carrera a lo largo de todo el trayecto que debía cubrir el mensaje o las cartas, sino que un sinfín de puestos de relevo o “postas” cubrían los precarios caminos, debiendo reponerse cada uno de ellos, jinete y jamelgo, para continuar el recorrido.

Leer más: El Tren a Misiones - 1912

santa ana de brasanelliLAS REDUCCIONES

En 1603 el obispo de Asunción Martín Ignacio de Loyola, sobrino del fundador de la orden Jesuita, Ignacio de Loyola, convocaba a un sínodo en su diócesis para, entre otras cosas, examinar la cuestión del trabajo servil que prestaban los Paisanos en la región, se decidió entre otras cosas que la catequesis debía dictársela en lengua guaraní, los paisanos debían asistir los domingos (a misa y catequesis) y las fiestas a las iglesias, para lo cual debían obtener de su señor el permiso necesariamente y lo trascendental en ese sínodo se decidió reunir a los paisanos en reducciones, pues […] La situación de los indios -por culpa de gobernadores y latifundistas-en vez de mejorar iba empeorando día a día: poco a poco se iba asumiendo en la más negra esclavitud. Algunos ejemplos bastan para probarlo: el indígena carecía del derecho de la propiedad; la alimentación que por su trabajo recibía  era tan escasa que llegaba a morir de hambre y de debilidad […][1]. Así es que comienza la idea de buscar para los naturales de nuestra región un mejor vivir y una formación cristiana, ambos objetivos hoy día pueden ser muy discutidos, pero aquí nos animamos a expresar que tal intención es como mínimo buena voluntad de parte de los integrantes dela Compañía de Jesús para con nuestros antiguos “Paisanos”. 

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El destino de un lugar
Llama la atención como quienes habitaron el territorio que hoy compone la provincia de Misiones, hayan pasado una y otra vez por un sitio que, si bien siempre fue parte importante del territorio, por mucho tiempo fue soslayado. Los primigenios nativos, nuestros paisanos los indios, tuvieron en este sitio asentamientos solo provisorios. Los misioneros jesuitas que llegaron, el afamado Roque Gonzalez y Diego Boroa, instalaron sin éxito estable una de sus primeras fundaciones en la costa sur del Paraná, Itapúa fue la primera de sus Misiones en esta banda del río, esta práctica “misional” hoy da nombre e identidad a nuestra provincia. Fue un sitio más de trabajo y producción durante la era jesuítico guaraní al convertirse en rinconada y paso comercial. Por su posición estratégica y puerta de entrada a riquezas en materia primas, se han apoderado de este espacio en varias ocasiones, tanta como han sido desalojados. Fue escenario de beligerancia, pero no de grandes batallas. Los grandes militares que la transitaron optaron por irse, en cambio sus soldados y proveedores decidieron quedarse. La suerte quiso que este sitio sea soslayado sólo hasta que se cumpla en él su destino. Nos proponemos aquí reflexionar juntos el devenir de un pueblo, una ciudad y de una casa.
 

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