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Jose de San Martin en su vejez
¿Quienes hicieron nuestra patria? ¿Que sentían por este suelo?
¿Cuáles eran sus objetivos últimos y que destino deseaban para la incipiente Argentina?
¿De donde vinieron nuestros próceres?
Todo el contenido argumentativo de este articulo está tomado de la muy bien documentada obra del historiador Hugo Chumbita, titulada “El Secreto de Yapeyú”, aquí solo sintetizamos, para los lectores de Superficie, las evidencias halladas por este importante investigador. Chumbita es quien nos pone en conocimiento de los siguientes testimonios referidos al origen de nuestro prócer máximo José de San Martín. Estos son temas que, sin duda resultan relevantes. Traemos aquí una polémica poco conocida, aunque ya antigua: el origen de José de San Martín, ¿mestizo o criollo descendiente de españoles? Nos cuenta por ejemplo que: Cuando la joven Remedios de Escalada conoció a San Martín le impresionó que fuera “Negro” de hecho su madre se opuso a que se casaran por tratarse de un “soldado plebeyo”, la futura suegra de San Martín tenía motivos sociales muy fuertes para rechazarlo, en el libro de aquella época “Tradiciones de Buenos Aires” de Pastor Obligado, se plasma así lo que circulaba por la sociedad porteña de la época “…corría como moneda corriente, y fue en ciertas gentes creencia vulgarizada, que Don José de San Martín, no obstante la de y el Don de su padre, procedía de muy modesto linajes, al menos por línea materna”. Gregoria Matorras, esposa de Juan de San Martín -quienes son reconocido oficialmente como padres de San Martín-, era nacida en España como su marido y ambos de indudable origen, Gregoria era hermana del gobernador de Tucumán, y el rumor del linaje humilde de la madre no puede referirse a ella, pero el testimonio que recoge Pastor Obligado sobre los rumores que circulaban en Buenos Aires sobre San Martín no termina allí, algunos de quienes lo conocieron se referían a él como “Bastante Bronceado, de rostro anguloso, indio misionero le llamaban los godos y tape de Yapeyú … aunque no tan moreno como [otros] de tape o indio le apodaban sus enemigos” Otro testimonio relata que cuando San Martín se encontraba en Mendoza preparando al ejército para el cruce de los Andes conferenció con los caciques Pehuenches, un oficial de nombre Manuel de Olazábal que presenció el parlamento dejó en sus memorias relatada esta escena: “reunidos allí el general y los caciques sentados en círculo[…] les dijo por medio del lenguaraz[…:] que los había convocado para hacerles saber que los españoles iban a pasar desde Chile para matarlos a todos y robarles sus mujeres e hijos. Que en vista de esto, y siendo él también indio, iba a pasar él los andes con todo su ejército […] para acabar con los godos que le habían robado la tierra a sus padres…” Cuando Juan Bautista Alberdi viajó a París en 1843 conoció a San Martín personalmente, Alberdi dejó escrito su testimonio y en él la impresión que le causó el encuentro “entró por fin, con su sombrero en la mano, con la modestia y apocamiento de un hombre común. ¡Qué diferente le hallé del tipo que yo me había formado, oyendo descripciones hiperbólicas que me habían hecho de él sus admiradores en América! Por ejemplo, yo le esperaba más alto, y no es sino un poco más alto que los hombres de mediana estatura. Yo le creía un indio como tantas veces me lo habían pintado; y no es más que un hombre de color moreno de los temperamentos biliosos”. En Europa también ocurrió que San Martín fue visitado por un genealogista, según cuenta en sus “Tradiciones…” Obligado, al parecer fue el propio San Martín quien visitado por un grupo de amigos americanos contó cómo se le presentó en su casa un genealogista andaluz, quien pretendía ponerle al tanto de “la alcurnia de sus ascendientes paternos…” San Martín negó entonces tener tales antepasados nobles, pero como el investigador insistía le puso al tanto de su verdadero origen, “con lo que el inventor de mi nobiliario, recogía papeles y arrollando azorado el árbol genealógico muy lindamente pintado, salió todo corriendo como rata por tirante, sin una pluma de aquel que creyó desplumar, al día siguiente de suponer muy rico y muy vanidoso al indio misionero” concluía su relato el propio San Martín. En una serie de artículos periodísticos sobre el ostracismo del prócer, de Vicuña Mackenna, titulados “revelaciones íntimas” basadas en testimonios de Mercedes, hija de San Martín y Mariano Balcarce, su yerno. Estos sugieren muchas actitudes de San Martín se explican porque en él “el instinto del insurgente, es decir, del criollo, triunfó siempre de la idea especulativa […] había servido a la independencia americana, porque la sentía circular en su sangre de mestizo”. En las Memorias de Joaquina de Alvear y Quintanilla de Arrotea, publicada en Rosario en 1877 incluye una “Crónicas de mis antepasados” donde testimonia lo siguiente: “yo Joaquina Alvear Quintanilla y Arrotea, declaró ser nieta del capitán de fragata señor Don Diego de Alvear Ponce de León […] Soy Hija segunda del general Carlos María de Alvear […] soy sobrina carnal, por ser hijo natural de mi abuelo el señor Diego de Alvear Ponce de León, habido en una indígena correntina, el general José de San Martín”. Pero ¿Cómo es que nuestro Prócer máximo, al parecer es hijo de un demarcador de límites entre España y Portugal, Diego de Alvear, y no de quienes se nos enseñó siempre, Juan de San Martín y Gregoria Matorras? Chumbita describe el itinerario de Diego de Alvear desde su llegada a América, según sus investigaciones, en noviembre de 1774. No expondremos aquí este intrincado devenir del periplo de Alvear por América, para conocimiento del cual y de muchos más detalles sugerimos consultar la obra “el secreto de Yapeyú” de Hugo Chumbita. Aquí solo nos limitaremos a transmitir en síntesis la explicación que este mismo autor da a los hechos que determinaron su hipótesis sobre la concepción de quien conocemos como José de San Martín en una Nativa Guaraní de nombre Rosa Guarú, posteriormente bautizada Rosa Cristaldo, quien se desempeñaba como personal doméstico en la casa del matrimonio español del teniente gobernador San Martín y Matorras, cuando concibió y dio a luz a José… Alvear en su viaje a las ex misiones jesuitas y sus territorios como integrante de comitiva luso española encargada de demarcar los límites americanos de ambos imperios, habría sido alojado en la casa de los San Martín donde conoció a Rosa Guarú una joven guaraní empleada de los mismos. En una efímera relación sentimental concibieron un hijo mestizo, el cual fue adoptado por la familia San Martín quienes lo mantuvieron en su casa bajo el cuidado de Rosa Guarú hasta la edad de 13 años cuando partió con este matrimonia a España donde recibió la misma educación que el hijo legítimo de Diego de Alvear, José María de Alvear, su medio hermano. Educación que, Chumbita se encarga de dejar en claro, fue financiada por Diego de Alvear, padre de ambos, José María de Alvear (hijo legítimo) y José de San Martín (hijo Natural) llegaron juntos de España a Buenos Aires en 1812, donde el Alvear emprendía carrera política y más tarde sería nombrado Director Supremo en 1815 y San Martín organizó un cuerpo de caballería que más tarde conocido como Granaderos montados o granaderos a caballo. El plantel que dio origen al cuerpo de Granaderos que lo acompañó a lo largo de toda su gesta sudamericana y que perdura hasta hoy, fue inicialmente conformado, a pedido de San Martín por “Trescientos Jóvenes naturales de talla y robustez” que el triunvirato mandó traer de las Misiones, por mandato firmado por Rivadavia, en agosto de 1812 para ser destinados “al mando del teniente Coronel Don José de San Martín, oriundo de aquel territorio. Todo esto último según afirmación del prestigioso investigador Dr. Ricardo Rojas en su obra “El santo de la espada” citado por Mario Herrera en su trabajo “La provincia de Misiones 1810 – 1832” quien agrega que “el paladín misionero inició su obra con ese plantel de 300 indios, sus coterráneos”. Cuando una vez comentando en una charla con la Lic. Ruth Poujade, todos estos datos que rescata y compila Chumbita, a favor de la tesis del origen mestizo (español – guaraní) del libertador General San Martín, Poujade mencionó que de ser cierto, Alvear había hecho lo mejor que podía hacer en ese tiempo, pensé entonces en el abandono en Yapeyú de un hijo y en su falta de reconocimiento y entonces le pregunté el porqué de su opinión, a los que Poujade me respondió con la paciencia pedagógica que le caracteriza, más o menos en estas palabras: imagínate dijo, un hijo natural y mestizo en esa época no podía progresar ni educarse por más que fuera hijo de Alvear, porque era mestizo. Lo iban a discriminar seguro, en cambio si era reconocido como hijo de los San Martín, era descendiente de españoles directo y podía hacer carrera y ser tenido en cuenta para cargos importantes, además al ser criado en la casa de los San Martín en Yapeyú sería criado por su madre Rosa Guarú, como ocurrió. De modo que afectos y cuidados no le faltaron. En esa humildad que le caracteriza Poujade me demostró una vez más el porqué de su brillante carrera como investigadora. Traigo a colación esta anécdota personal porque no quería dejar de transmitir este análisis tan rico e inteligente, pero que no me es propio sino me fue transmitido, como todo el contenido de este artículo, que solo ensamblo aquí. Testimonios existentes y muy bien argumentados, pero que son soslayados en los ámbitos educativos, no sé porque prejuicio que ve en el carácter mestizo de San Martín un desvalor que “empaña” la figura de prócer. La conclusión racional de esta polémica sería hacer un estudio de ADN a los restos de San Martín y Alvear, lo que es perfectamente factible y podría resolver la cuestión definitivamente. Paradójicamente el mismísimo Instituto Sanmartiniano, que por su decreto fundador tiene poder de censura, se opone a esclarecer el tema de la verdadera identidad del padre de la patria y sus raíces naturales y culturales.

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