santa ana de brasanelliLAS REDUCCIONES

En 1603 el obispo de Asunción Martín Ignacio de Loyola, sobrino del fundador de la orden Jesuita, Ignacio de Loyola, convocaba a un sínodo en su diócesis para, entre otras cosas, examinar la cuestión del trabajo servil que prestaban los Paisanos en la región, se decidió entre otras cosas que la catequesis debía dictársela en lengua guaraní, los paisanos debían asistir los domingos (a misa y catequesis) y las fiestas a las iglesias, para lo cual debían obtener de su señor el permiso necesariamente y lo trascendental en ese sínodo se decidió reunir a los paisanos en reducciones, pues […] La situación de los indios -por culpa de gobernadores y latifundistas-en vez de mejorar iba empeorando día a día: poco a poco se iba asumiendo en la más negra esclavitud. Algunos ejemplos bastan para probarlo: el indígena carecía del derecho de la propiedad; la alimentación que por su trabajo recibía  era tan escasa que llegaba a morir de hambre y de debilidad […][1]. Así es que comienza la idea de buscar para los naturales de nuestra región un mejor vivir y una formación cristiana, ambos objetivos hoy día pueden ser muy discutidos, pero aquí nos animamos a expresar que tal intención es como mínimo buena voluntad de parte de los integrantes dela Compañía de Jesús para con nuestros antiguos “Paisanos”. 

 

 

SANTA ANA DEL IGAY O YACUÍ, 1633 -1637 (REGIÓN DEL TAPE)

En 1627 el P. Roque González se aventuró en la zona del Tapé[2], que es una región en el actual Brasil[3] al oriente del río Uruguay donde la orden religiosa moderna de los Jesuitas fundaron importantes reducciones entre la población originaria en la primera mitad del siglo XVII (1600-1650). Santa Ana fue una de ellas, la primera más allá del río Igay (hoy río Jacuí) en camino al anhelo español y proyecto jesuita de llegar al océano atlántico en su ocupación del territorio. Es así que Santa Ana constituyó en este momento un puesto de avanzada de realización exclusiva de los religiosos jesuitas que por medios pacíficos y sin portar ningún tipo de armas fundan  en el área dela Sierra del Tape, más precisamente en la llanura adyacente al Igay con una  población inicial de unas 1300 familias (entre ellos unos 1000 eran cristianos bautizados) la reducción de Santa Ana. La fecha que nos ha llegado como la de su fundación es octubre de 1633 pero solo permanecerán allí hasta 1637.

El propósito de estas reducciones consistía en difundir la fe cristiana entre los nativos pero también ganar territorio y llegar con poblaciones bien establecidas a la costa atlántica. Santa Ana fue el primer pueblo que los Jesuitas fundaron pasando el río Yacui, ya que si bien este territorio pertenecía según el derecho de entonces a España, pues según el tratado de Tordesillas el meridiano que dividía las jurisdicciones de las posesiones portuguesas dejaba esta zona en manos de los españoles, sin embargo las incursiones de bandeirantes (bandas de traficantes de esclavos portugueses) llegaron muy al oeste de la línea limítrofe buscando mano de obra que esclavizar en sus plantaciones de Sao Paulo.

La llegada de los Misioneros, que así se denomina a un religioso que viaja a tierras de “infieles” o “no creyentes” con la misión de convertirlos a su fe, no fue grata para los portugueses que incursionaban por el Igay en su cacerías de naturales de la zona, por la simple razón que era más económico su rapto y traslado en estas tierras que la compra de los más costosos esclavos que eran secuestrados en África y vendidos por los buques ingleses en Sao Paulo.

Pero los jesuitas no fueron bien recibidos por todos los nativos, en un principio, los hechiceros de ninguna manera les tenían buen aprecio y en muchas ocasiones conspiraron para su muerte, a pesar de ellos los Sacerdotes católicos fueron aceptados por la mayoría de la población.

Pero los Bandeirantes paulistas organizaron y concretaron un ataque a las reducciones más avanzadas del Tape en diciembre de 1636, lo que deja a Santa Ana en su ubicación al oeste del Igay, en una muy indefensa posición y es justamente esta vulnerable situación  lo que motivó el éxodo; las tendencias entre los Guaraníes del pueblo ya entonces se dividieron entre los que consideraban necesario el traslado y los que culpaban a los jesuitas del desamparo en el que se encontraban ante los portugueses en los pueblos, cosa que no ocurría en el refugio de la vida semi nómada en la selva, hubo quienes entre ellos se negaron a migrar volviendo a su antiguo modo de vida.

 

LA GRAN MIGRACIÓN, 1637 - 1638

Luego de los primeros ataques  el padre Ernot organizó la defensa en Santa Ana, donde lograron por un tiempo ofrecer resistencia a los invasores.

También en este pueblo, aun en el Tape, se llevó a cabo una importante reunión de sacerdotes donde se decidiría el traslado definitivo hacia el Este de las reducciones, es entonces y en el pueblo de Santa Ana donde se designa al padre Antonio Ruiz de Montoya como procurador ante la Corte en Madrid con el propósito de dar a conocer la difícil situación de las reducciones atacadas y tramitar un permiso para el uso de armas de fuego para su defensa. Después de ello el P. Ruiz de Montoya, emprendería viaje a Europa y la enorme responsabilidad que le habían encomendado le imposibilitaría volver a las reducciones, por lo que Santa Ana del Tape fue la última residencia del famoso misionero en estas tierras.

Mientras tanto los bandeirantes atacaban la reducción de Santa Teresa, esto obligó a acelerar el éxodo hacia una región mejor protegida optando por la mesopotámica, entre el Paraná y el Uruguay, en una zona de campos no de selva. Las distintas reducciones[4] se movieron en dirección a San Miguel donde permanecieron un tiempo, la muy esforzada gran migración terrestre[5] partió desde allí en el invierno del año 1638.

 

SANTA ANA EN EL PARANÁ - ETAPA REDUCCIONAL JESUITA, 1639 - 1768

 

Lo más probable es que hayan pasado un tiempo en cercanías de San Javier a orillas del Uruguay hasta que decidieran una ubicación adecuada, entonces  emprendieron marcha a la costa del Paraná y se asentaron en la ladera del cerro Peyuré[6] mientras construían el pueblo donde sería su ubicación definitiva. Esta ubicación un tanto apretada de los pueblos entre el cerro y la zona donde comienzan la selva más espesa parece obedecer a la mejor disposición de las tierras para los cultivos, ya que los campos no eran tan fértiles rumbo a Candelaria, y al norte de Corpus el monte requería rozados importantes para cualquier tipo de poblamiento y producción.

Ya desde entonces la numerosa población de las Misiones del Paraná fue mal vistas por los encomenderos paraguayos recelosos de la competencia que suponían los prósperos yerbales de los pueblos.

Hubo una penosa epidemia entre 1641 y 1643[7] y a ella le siguieron un par de años de escasez, pero superados los males el Pueblo pudo salir adelante no sin sufrir daños significativo en su población y en gran medida gracias al sistema de distribución de los recursos entre sus habitantes, solidaridad recíproca entre reducciones puesta en práctica por los Jesuitas, que consistía en que los pueblos debían ayudarse en su sostenimiento compartiendo entre todos los recursos que necesitaran para su sustento.

El establecimiento definitivo se culminó entre 1650 y 1660 y se ubicó a unos 2½ km del río, pero hay quien dice que quizás el núcleo del primer asentamiento en el cerro no se abandonó, sino siguió como conjunto poblado paralelo, sí sabemos con certeza que de esta época datan las ruinas de la planta urbana del pueblo Jesuítico de Santa Ana, hoy Patrimonio dela Humanidad.

Debemos imaginar este conjunto rodeado de chacras comunales y huertas familiares y un poco más alejadas las estancias de ganado del pueblo[8].

Continuando con la referencia a la planta urbana, en 1662 se produjo un incendio en el Colegio (casa) de los padres y en el techo dela Iglesia  debido a que aún estaban techados con paja; posteriormente serían erigidos con tejas construidas a partir de moldes hechos con troncos de cocoteros. En la ocasión del siniestro se puede ver puesto en práctica nuevamente el sistema de solidaridad recíproca, ya que lo pueblos vecinos de inmediato suministraron víveres y ropas a damnificados.

Las pocas referencias documentales sobre la infraestructura edilicia en Santa Ana las tenemos de la actividad constructiva que continuaban en las primeras décadas del S XVIII, así por ejemplo tenemos noticia del Hermano José Brasanelli[9] (arquitecto, escultor y pintor), que  es autor de la obra definitiva del templo, el campanario y otras estructuras originales de este pueblo; tuvo como residencia definitiva a Santa Ana, desde 1724, siendo ya anciano pasó sus últimos años allí, donde murió en 1728.

El memorial de la visita del P. Provincial Luís de la Rocadel 6 de abril de 1724: "hágase el baptisterio enfrente del que hay ahora. La torre nueva para la que dejo licencia, se hará según la dirección del Hno José Brasanelli. Para el altar mayor se hara otro retablo que ideara el Hno José Brasanelli, y el que ahora sirve se empleará en otro nicho”  De la visita del 20 de mayo de 1725, agregaba el P. Provincial: "empréndase la obra de la media naranja y de la prolongación de la iglesia, con todo lo cual correrá el Hno Jose Brasanelli; cuya dirección se seguirá en esto como en el número de peones que acude a trabajar".

Estos trabajos fueron realizados exitosamente y podemos destacar que existe un testimonio que nos llega del inventario de 1768 en el que describela Iglesia  como "de tres naves, media naranja [techo en forma de media esfera, estaba sobre el altar principal] y perfectamente acabado". Contaba con un "púlpito dorado y cuatro confesionarios de talla, dorados y pintados, un órgano grande y siete escaños de asiento para el cabildo. Cinco altares con  sus buenos y dorados retablos; el altar mayor, con cuatro estatuas grandes, cuatro pequeñas alrededor del sagrario" […] "Un baptisterio todo pintado, con su retablo dorado y su pila bautismal de lindo vidriado. Una torre de madera con dos campanas grandes, dos medianas y dos chicas. Una sacristía hermosa, perfectamente acabada y dorada, con sus dos cajoneras, su contra sacristía con su retablo pequeño dorado".

La casa de los padres, el colegio, los talleres y la huerta  son  notables en sus logros constructivos aún en estos momentos en que se ven en ruinas.

Sobre la "Casa de los Padres" el inventario al momento de la expulsión (1768) sostiene "la casa perfectamente acabada, con sus dos patios, huerta, cerca de piedra, refectorio, cocina y ocho aposentos de los que sirven para los religiosos". En el patio de talleres: "dos aposentos, el uno de platería y el otro de herrería, dos piezas largas de los telares, un aposento de la panadería y otro de beneficiar la miel, otro vacío para lo que se pueda ofrecer, otro de los pintores, otro vacío".

La población se sostuvo en las primeras décadas y a partir del siglo XVIII fue aumentando progresivamente, Santa Ana fue una de las reducciones que menos sufrió durante la década de 1730 cuando la población total de las misiones de guaraníes se redujo a la mitad, en el caso de Santa Ana su disminución de 4.500 a 3.700 habitantes entre 1732 y 1733 fue seguida de una pronta recuperación en los años siguientes. Esta situación contrasta mucho, por ejemplo, con la de Loreto, que disminuyó en poco tiempo de 7.000 a 2.000. Santa Ana a fines de la década (`30) ya había recuperado casi por completo la población de 1732, lo que constituye un caso de excepción entre los pueblos de guaraníes.

Un Memorial del Pueblo de Santa Ana en la visita de 11 de abril de 1747  del Provincial Nusdorfferl: nos ilustra la situación "porque se va cada día aumentando el Pueblo, no son bastante las casas, por los inconvenientes que hay que la gente viva en los corredores"[10].

Con algunos altibajos fue creciendo hasta llegar a 6.000 habitantes en 1760. En tiempos de la expulsión eran 4.334 a consecuencia de epidemias en esos años, luego de la expulsión sería uno de los pocos pueblos que continuó creciendo en población en lugar de decrecer y casi una década después en 1772 contaba con 5.643 habitantes.

 

LA EXPULSIÓN DELOS JESUITAS DE SANTA ANA, 1768

La expulsión se concretó el 18 de agosto de 1768, la llevó a cabo el capitán Francisco Pérez de Saravia por orden en particular de Don Francisco Bucarelli y Ursúa en cumplimiento de la cédula real de Carlos III, por entonces rey de España. Los religiosos que se encontraban a cargo en Santa Ana eran el P. Francisco Echagüe y el P. Pedro Rojas quienes fueron enviados con escolta de cuatro soldados al pueblo de Itapúa (actual Encarnación) donde se estaba reuniendo a todos los religiosos de la Orden para ser embarcados de allí a Buenos Aires y luego a Roma, para nunca más volver[11].

 

EL PERIODO DE LOS ADMINISTRADORES

Al momento inmediato posterior a la expulsión se lo conoce como “Temporalización”, “Secularización” y también con el término “extrañamiento” de los Jesuitas, ya que lo Guaraníes sintieron el deterioro de sus condiciones de vida y lamentaron la ausencia de sus antiguos tutores. “esa expulsión provoco no solo un cambio gubernamental, del poder religioso al poder civil, sino sobre todo una brusca quiebra de la estructura socio-económica existente, que hizo caer a las misiones en una brusca decadencia, signada por al pauperización y por el desorden social”[12].

En este sentido, una carta de 1778, tan solo a diez años de la expulsión, un cacique de Santa Ana dirigiéndose al Virrey y Capitán General testimonia lo siguiente: “…e venido a dar parte a Su Emo Señor lo que estamos pasando travaxos y desdichas en mi pueblo todos los hijos del pueblo estan desparramados ya se queda el pueblo sin gente por causa del Corregidor y administrador. No tiene lugar para travaxar para mantension de la casa la tierra mui mal tratada…”[13].

El pueblo como es sabido había pasado a ser “administrado” por autoridades coloniales y dos franciscanos, el Fraile Juan de Alvarenga y el fraile Gabriel Toledo[14] a cargo “únicamente de lo espiritual”, así el criterio de desarrollo en conjunto y articulado con los demás pueblos jesuíticos en una economía solidaria que garantizara el nivel de vida a todos los indios reducidos, fue reemplazado por el criterio de la búsqueda de beneficios económicos, aumentando la escala de producción de los productos que se vendían en los mercados coloniales muchas veces a costo del deterioro de la economía necesaria para la subsistencia del pueblo, se abrió la posibilidad a las concesiones de explotación de recursos naturales como por ejemplo campos de pastoreo de ganado o los yerbales, a agentes económicos externos generalmente indiferentes a los intereses de los habitantes del pueblo, así se fue dejando de lado lo concerniente al sustento, el vestido, la educación, etc. de los naturales.

Un estanciero que tenía ganado y depositaba su yerba en Santa Ana comenta lo siguiente en 1792

[…] llegue a la estancia de Santa Ana a [visitar] y pasar las haciendas de campo a fin de que no me sucediera lo que [otros] que por semejante descuido se les funden los ganados […]

En el dia está por llegar 600 secciones [...] @[15] yerba que vinieron de su beneficio [...] que tengo ya almacenadas de mi cuenta son 800 @, hede remitir a la consignación [...] con la yerba del pueblo aunque la venida de esta embarcación puesto mucho me [desanima] por tener mucha carga [para] conducir [por] los caminos malos y totalmente intransitables, pocas mulas, mucha distancia ninguna carreta.

Vuestra merced cuente de la carga de la yerba del pueblo 1500@ quanto menos miel 600 @ arros bastante y de mi cuenta 800 @ yerba [...]

le mando luego, que vaya al pueblo que será dentro de quince dias poco menos y hiran proveído aunque sea de cucarachas que es lo único que san[ta ana] tuyo tiene en abundancia[...] que me mande un poco de algodón y le hare hilar hilos delgados para sus enaguas[...]

Santa Ana Diciembre 3 de 1792 Juan Baptista Ribarola [a] Gregorio Larrea [16].

Es bastante elocuente, a pesar de lo sucinto de la cita y lo irregular de la sintaxis, podemos ver en este testimonio de época que la prohibición de permanencia de “blancos” en el pueblo ha quedado fuera de uso, en segundo lugar que este estanciero tiene hacienda en Santa Ana lo cual supone un usufructo del espacio perteneciente antes exclusivamente al pueblo, este territorio en concesión es usufructuado por personas que como en este caso son ajenas al mismo, quien dice estar esperando un cargamento de yerba propia de 600@ las que sumadas a las que ya tiene almacenadas suman 800@, de esto se desprende que tanto los depósitos del pueblo como el barco están rentados por este particular, y por último pide algodón para hilar, cuando sabemos que en época de los padres jesuitas Santa Ana poseía algodonales, hilanderas y hasta fabricaba telas en los telares que estaban ubicados “en el patio segundo […] dos piezas largas de los telares”[17], esto es en el conocido taller adyacente al colegio. Todo esto nos habla de cuánto había cambiado la situación y el criterio del gobierno del pueblo.

Con respecto al ganado, quien trabajara por años en investigación histórica sobre el Pueblo jesuítico y colonial de Santa Ana Misiones concluye al respecto que “Como lo demuestran el análisis cuantitativo de inventarios antes y después del extrañamiento, los volúmenes de hacienda descendieron mucho más que otros rubros y la misma población, lo que naturalmente se atribuye al desmantelamiento del sistema que articulaba estancias jesuíticas y pueblos.” (Gutiérrez, Carlos: director Área Historia de Equipo AESA, Poujade R. Inf. 2008 – UNaM).

Con respecto a la de yerba en esa época, su elaboración y comercio fueron fundamentales, incluso el barco del pueblo, de nombre “Concepción”, realizaba fletes para otros pueblos llevando la producción de yerba a los puertos de los más importantes centros de consumo, como Buenos Aires, Rosario, etc. El administrador del pueblo en 1798 nos deja el siguiente testimonio

[…] la administración del pueblo Juti estuvo en este y solicito el barco para que le condijera la yerba que tiene en el puerto del pueblo de Jesús pero nunca convenía sobre el precio que vuestra merced y solo se le convenía a su solicitud en el inconveniente de estar esperando otro barco para remitirlo a los yerbales silvestres al beneficio la que se agravaba no poder disponer de la tal conducción y sin permiso de Sr gobernador Intendente y si en aquel tiempo hallamos aquellos escollos al presente se duplican pues el Paraná esta muy bajo el camino de Jesús a San Cosme es de mucho sin embargo, y si el barco se lastima no podemos mandarlos a los yerbales lo estamos esperando armando (jangada) que debo llevar (….) los ministerios y demás animas a la (…) y ya dirigido; y de no salir para la referida de los yerbales en el primer(….) que haga el Paraná no podría ir este año de lo que redundaría a esta nuestra comunidad notables perjuicios, y cuanto debemos informar a nuestra merced.

Dios guarde a nuestra Merced (…) al pueblo de Santa Ana 3 de octubre  1798

Administrador Gonsales Aguilar[18]

Santa Ana dirigido por autoridades coloniales cambió el rumbo del sistema productivo y causó mucho malestar entre su población, es común encontrar documentos de esa época que hablan de “indios huidos” que abandonaban el pueblo para buscar un mejor vivir en centros de población criolla-española. Existe una opinión bastante difundida que sugiere como  hecho probable que los guaraníes reducidos hubieran vuelto a la selva, a su modo de vida pre-reduccional, lo que es una circunstancia muy poco probable.

Debemos pensar por ejemplo que quienes viviendo en un modo de vida selvático pasaron a un modo de vida reduccional, lo hicieron entre 1633 a1637 y quizás algunos pocos más posteriormente; pero a 1768 (cuando la expulsión) y el principio del abandono de los pueblos de parte de los indios, habían pasado más de un siglo en vida urbana, (sedentaria-reglamentada), espacio de tiempo suficiente para que se surjan tres generaciones. Se trataba en ese momento de una civilización urbana compuesta enteramente por persona que si bien eran de etnia guaraní y denominados “indios” por sus contemporáneos “blancos”, se dedicaban a oficios burgueses, eran carpinteros, panaderos, tejedores de lienzos de algodón en telares, agricultores sin duda en su gran mayoría, pero personas que tenían por costumbre asistir a funciones de teatro (representada por otros guaraníes), ellos mismos fabricantes de instrumentos musicales (luthiers) solían escuchar conciertos.

En síntesis: Los habitantes de las reducciones abandonaron los pueblos, en demanda de un futuro próspero y un modo de vida mas benévolo, al que estaban acostumbrados, fueron en búsqueda de trabajo a los centros urbanos, se emplearon como peones de estancia en Corrientes, Entre Ríos, etc.

Podemos tomar como ejemplo para inferir sobre la situación del pueblo basándonos en un testimonio que nos llega de las casas de indios, del inventario de 1782 (posterior a la expulsión en época de la administración colonial española) que expresa lo siguiente: "filas de casas habitaciones de los naturales de piedras y adobes cubiertas de tejas, cuarenta y cinco: treinta y nueve en buen estado y seis arruinadas por falta de habitadores". Atrás habían quedado los tiempos en que los santaneros eran tantos que vivían en los pasillos hasta que se terminasen más viviendas y enviaban a parte de su población a reforzar otros pueblos.

A pesar de todo, Santa Ana después de la expulsión no ha padecido un deterioro tan acentuado y progresivo como fue el caso de otros pueblos, el mismo inventario mencionado anteriormente de 1782 describe otras dependencia de este modo "la casa principal en buen estado y en el mismo sus corredores y oficinas" […] "Huerta: una en cuadro al fondo dela Casa principal poblada de diferentes verduras y árboles frutales".

El inventario de 1784 también describe positivamente el templo diciendo: "Iglesia y torre, con su huerta a las espaldas reparados los defectos y con la mejor decencia y aseo posible".

Durante el periodo que va de la expulsión de los jesuitas a la revolución de mayo de 1810 toda la región de las antiguas reducciones devenidas en pueblos coloniales atravesaron una etapa de inestabilidad político administrativa y militar que se iría materializando en las transformaciones de sus jurisdicciones territoriales, la alternancia de sus dependencias hacia tal o cual autoridad política y de distintas cabeceras administrativas e incluso religiosas, el poder económico de las ciudades adyacente como Corrientes disputaría por el dominio de los recursos de la antiguas estancias y los conflictos militares luso-españoles irían talando la población del los pueblos hasta casi diezmarlas en muchos casos.

 

SANTA ANA YLA REVOLUCION DE MAYO

 

El virrey Baltasar Cisneros, hacia fines de 1809 y principios de 1810 nombra al coronel Tomás de Rocamora Gobernador de Misiones, cuando la Revolución de Mayo, éste adhirió a la misma, entonces la Primera Junta lo confirmó como Gobernador Intendente de Misiones y envió a Manuel Belgrano al frente de un ejército con el propósito poco diplomático de convencer al territorio del ex Virreinato,  que hoy es Paraguay, que adhiriera al cambio de mando que se había producido en Buenos Aires, propósito que se frustró tras la derrota de Belgrano. Pero el 14 de mayo de 1811, Paraguay llevó adelante su propia revolución y desde entonces el espacio que antiguamente formaba parte de una sola jurisdicción política se transformaría en territorio fronterizo de estados en gestación y muchas veces en conflictos, estos últimos fueron la pauta por un largo periodo y tuvieron distintas dimensiones  pasando de simples escaramuzas entre comisiones de “beneficiar yerba” hasta verdaderas guerras fratricidas y deplorables consecuencias.

Estas transformaciones políticas dejaron a Santa Ana en el margen de un territorio que geopolíticamente pasó a ocupar un lugar de periferia y frecuentemente fue soslayado por el peso de sucesos o conflictos más significativos que, sin embargo, afectarían a la vida de los santaneros.

 

REGLAMENTO PARA LOS PUEBLOS DE MANUEL BELGRANO

 

Como es sabido Belgrano estuvo en los pueblos de Indios de Misiones en su paso hacia el actual territorio del Paraguay, en este ínterin el prócer no pudo menos que conmoverse por la situación de los paisanos de estas tierras. Belgrano deja ver su juicio sobre la condición en que vivían los naturales y su intención de revertir la misma en su famoso “Reglamento para el régimen político y administrativo y reforma de los 30 pueblos de Misiones”.

“[…]Proclama que expedí para hacer saber a los Naturales de los Pueblos de Misiones, que venía a restituidos a sus Derechos de libertad, propiedad y seguridad de que por tantas generaciones han estado privados, sirviendo únicamente para las rapiñas de los que han gobernado, como está de manifiesto hasta la evidencia, no hallándose una sola familia que pueda decir: "estos son los bienes que he heredado de mis mayores"; y cumpliendo con las intenciones dela Excelentísima Junta de las Provincias del Río dela Plata, y a virtud de las altas facultades que como a su Vocal Representante me ha conferido, he venido en determinar los siguientes artículos, con que acredito que mis palabras,[…] no son las del engaño, ni alucinamiento, con que hasta ahora se ha, tenido a los desgraciados Naturales bajo el Yugo del fierro, tratándolos peor que a las bestias de carga, hasta llevarlos al sepulcro entre los horrores de la miseria e infelicidad, que yo mismo estoy palpando con ver su desnudez, sus lívidos aspectos, y los ningunos recursos, que les han de dejado para subsistir […]”

Manuel Belgrano. Campamento del Tacuarí a treinta de diciembre de mil ochocientos diez.[19]

El reglamento de Belgrano para los pueblo de Misiones es el antecedente constitucional más antiguo del país y un instrumento jurídico muy avanzado para la época, nos habla de la ilustración de Belgrano y de su carácter de defensor de las libertades de los naturales en tanto ciudadanos de plenos derechos civiles. Estipula en una copia del reglamento dirigida a Santa Ana:

“1ro Todos los Naturales de Misiones son libres, gozarán de sus propiedades, y podrán disponer de ellas, como mejor les acomode, como no sea atentando contra sus semejantes.

2do Desde hoy los liberto del tributo; y a todos los Treinta Pueblos, y sus respectivas jurisdicciones los exceptúo de todo impuesto por el espacio de diez años.

3ro Concedo un comercio franco y libre de todas sus producciones, incluso la del Tabaco con el resto de las Provincias del Río dela Plata.

4to Respecto a haberse declarado en todo iguales a los Españoles que hemos tenido la gloria de nacer en el suelo de América, le: habilito para todos los empleos civiles, militares, y eclesiásticos, debiendo recaer en ellos, como en nosotros los empleados del gobierno, Milicia, y Administración de sus Pueblos.

6to. Deberán construir sus casas en ellas Todos los que tengan Poblaciones enla Campaña, sean Naturales o Españoles y tanto unos como otros podrán obtener los empleos dela República.[…]

7mo. A los Naturales se les darán gratuitamente las propiedades de las suertes de tierra, que se les señalen que en el Pueblo será de un tercio de cuadra, y en la campaña según las leguas y calidad de tierra que tuviere cada pueblo su suerte, que no haya de pasar de legua y media de frente y dos de fondo.

8vo. A los Españoles se les venderá la suerte, que desearen en el Pueblo después de acomodados los Naturales, e igualmente enla Campañapor precios moderados, para formar un fondo, con que atender a los objetos que adelante se dirá.

13ro. El fondo que se ha de formar según los artículos 8vo y 9no no ha de tener otro objeto, que el establecimiento de Escuelas de primeras letras, artes y oficios, […]

14to. Como el robo había arreglado los pesos y medidas, para sacrificar más y más a los infelices Naturales señalando12 onzasa la libra, y así en lo demás, mando que se guarden los mismos pesos y medidas que enla Gran Capitalde Bs. Aires hasta que el Superior Gobierno determine en el particular lo que tuviere conveniente encargando a los Corregidores y Cabildos que celen el cumplimiento de éste artículo, imponiendo la pérdida de sus bienes y extrañamiento de la jurisdicción a los que contravinieren a él, aplicando aquellos a beneficio del fondo para Escuelas.

16to. Cesan desde hoy en sus funciones Todos los Mayordomos de los pueblos y dejo al cargo de los Corregidores, Cabildos, la administración de lo que haya existente, y el cuidado del cobro de arrendamiento de tierras, hasta que esté verificado el arreglo, debiéndose conservar los productos de harca de tres llaves, que han de tener el Corregidor, el Alcalde de 1er Voto, y el Síndico Procurador, hasta que se le dé el destino conveniente que no ha de ser otro que el fondo citado para Escuelas.

17mo. Respecto a que las tierras de los Pueblos están intercaladas, se hará una masa común de ellas, y se repartirán a prorrata entre todos los pueblos; para que unos a los otros puedan darse la mano, y formar una Provincia respetable de las del Río dela Plata.

18vo. En atención a que nada se haría con repartir tierra a los Naturales, si no se les hacían anticipaciones así de instrumentos para la agricultura como de ganados para el fomento de las crías ocurriré ala Excelentísima Junta, para que se abra una suscripción para el primer objeto, y conceda los diezmos de la quatropea de los partidos de Entre Ríos para el segundo; quedando en aplicar algunos fondos de los insurgentes, que permanecieron renitentes en contra de la causa dela Patriaa objetos de tanta importancia; y que tal vez son habidos del sudor y sangre de los mismos Naturales.

19mo. Aunque no es mi ánimo desterrar el idioma nativo de éstos Pueblos; pero como es preciso que sea fácil una comunicación para el mejor orden, prevengo que la mayor parte de los Cabildos se ha de componer, de individuos que hablen el castellano y particularmente el Corregidor, el Alcalde de 1er Voto, el Síndico Procurador y un secretario que haya de extender las actas en lengua castellana.

Manuel Belgrano[20].

Optamos por extendernos tanto en la cita porque la consideramos por demás enriquecedora en dos vertientes, por un lado en ella se refleja la situación que atravesaban “los naturales” y por otro lado, el documento refleja el espíritu de cambio revolucionario que quiso imprimir Manuel Belgrano, aquí y es de suponer en todo el territorio del ex virreinato en tiempos de la revolución de mayo.

La campaña militar al Paraguay resultó en derrota y su proyecto de ordenamiento jurídico de los pueblos de indios, no prosperó mucho más luego de su partida. En este entonces se pensaba que el proceso revolucionario del Paraguay no culminaría con la autonomía política como estado separado de las demás Provincias Unidades del Río dela Plata, ex virreinato, se suponía que se trataba de un levantamiento contra el centralismo porteño, y hasta tiempos de Juan Manuel de Rosas, se pensaba en el Paraguay como una región Argentina acaudillada por lideres locales.

Así Belgrano dejó los pueblos del Paraná, incluido Santa Ana, en custodia de las autoridades civiles paraguayas, ya que los mismos también dependían de las autoridades Eclesiásticas de Asunción.

 

Continuará...

 

 

 

 


[1] Kohler, Leo. Los tres héroes del Caaró y Pirapó. Posadas: Montoya, 1978. págs. 15-16

[2] Tapé significa “población grande” y es una zona de asentamiento primitivo de los guaraníes y otras etnias donde quizás incurrieron lamentablemente en el común error de saturar un territorio extrayendo de él los recursos que necesitaban para mantener numerosos asentamientos y causando así una crisis ecológica y posterior escasez, situación que a menudo provoca discordias y probablemente impulsara a parcialidades de estas comunidades originarias a emigrar desde allí en busca de “la tierra sin males”. (Bartomeu Meliá)

[3] La zona comprende aproximadamente los actuales estados de Río Grande del Sur y parte de los Estados de Santa Catalina y Paraná.

[4] Además de Santa Ana emprendieron el éxodo entonces  San Cosme, San Miguel, Natividad y  San José.

[5] Recordemos que a diferenta de Santa Ana y las demás reducciones del Tape los pueblos que migraron en huida de los bandeirantes desde el Guayrá (Alto Paraná brasileño) lo hicieron por vía fluvial en sus embarcaciones en dirección a la corriente del caudaloso Paraná.

[6] Aún hoy se pueden observar relictos de este primer asentamiento Jesuítico en el cerro Santa Ana.

[7] Probablemente Paludismo.

[8] En 1768 el Pueblo de Santa Ana poseía 33.796 vacas, 3.331 bueyes, 6.564 Ovejas, 800 mulas, 963 burros, y 6.045 caballos (entre caballos de montar, Yeguas, Potros y yeguas muleras.)

[9] Hno. Jose Brasanelli nació en Milán (1658)  ingresó enla Compañía de Jesús en 1679.  Viajó enviado ala Provincia Jesuítica del Paraguay junto con otro arquitecto el P. Patragrassa, para trabajar en las misiones de guaraníes, llegó a  Buenos Aires en 1691 y trabajó en distintas reducciones  y en sus templos (San Borja, Concepción, Itapúa, Loreto, San Ignacio Mini y Santa Ana). Murió el 17 de agosto de1728 a la edad  de 70 años.

[10] En esta ocasión, Santa Ana envió a parte de su población al pueblo de Santa Maríala Mayor, casi despoblado.

[11] Después de ello el primer sacerdote de la orden de los jesuitas que visitará la actual provincia de Misiones y las Ruinas del Pueblo de Santa Ana fue el P. Vicente Gambón, en el año 1903; 135 años después de la expulsión.

[12] Poenitz, Edgar y Alfredo. Misiones Provincia Guaranítica. Posadas: Universitaria, 1998. Pág. 9

[13] Informe del administrador general de Mnes. Bs. As. 10 de marzo 1778. Arch. Gral. Nac. -IX-17-6-3.

(la ortografía y redacción como en original).

[14] Brabo, Francisco “Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los Jesuitas” Madrid 1872, Pág. 251

[15] Recordamos aquí que el símbolo @ es una antigua medida de peso equivalente a11,5 kg. En esta cita  se lo transcribe como en el documento original.

[16] Archivo Nacional de Asunción Sección Historia volumen  359  carpeta nº 7 Correspondencia de Santa Ana 1790-1803 citado completo en Poujade R, Gutierrez C. Aproximaciones ala Evolucion de Santa Ana (AESA) Informe Final 2008, Fac. Humanidades y Cs. Ss. UNaM. Secretaria de Investigación.

[17] Brabo, Francisco “Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los Jesuitas” Madrid 1872, Pág. 242

[18] Idem 15

[19] Colección “Biblioteca de Mayo”, Guerra de la Independencia. Buenos Aires: Senado de la Nación,  1963. Tomo XIV, págs. 12482 a 12483.

[20] El documento es bastante citado en la bibliografía histórica regional y provincial pero lamentablemente no muy a menudo se lo reproduce íntegro, de este modo puede encontrárselo en el A.G.N. Sala X, 3.1.1. (guerra); En el Museo Mitre. Documentos del Archivo de Belgrano, Buenos Aires, Imprenta Coni Hermanos, 1914, Tomo III, págs. 122 a 128 y en la publicación del Senado de la Nación. Biblioteca de Mayo, Guerra de la Independencia, Buenos Aires., 1963, Tomo XIV, págs. 12482 a 12483. 

 

 

 

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