{"id":2658,"date":"2021-12-08T13:20:00","date_gmt":"2021-12-08T13:20:00","guid":{"rendered":"https:\/\/startersites.io\/blocksy\/blog\/?page_id=2658"},"modified":"2026-03-19T17:27:15","modified_gmt":"2026-03-19T17:27:15","slug":"narrow-width","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/misioneshistoria.com.ar\/?page_id=2658","title":{"rendered":"Los hermanos Palacios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right\">Escrito por Diego Schroeder<\/p>\n\n\n\n<p>Al pasar por la residencia de los Palacios, la la vendedora de verduras oculta sin que nadie vea una tacuarita entre el hueco de unos \u00e1rboles. Dentro del peque\u00f1o tubo de c\u00e1\u00f1amo hay enrollados retazos de papel cuidadosamente escondidos. Son las esquelas de amor que Horacio Quiroga le dedica a la bonita Ana Mar\u00eda, de quien estaba perdidamente enamorado. El cuentista uruguayo se las ingeniaba para entreg\u00e1rselas a la verdulera con las convenidas instrucciones de lo que deb\u00eda hacer. Pero la nota rom\u00e1ntica no lleg\u00f3 a manos de Ipe, como le dec\u00edan a la menor de la familia, ya que fue incautada por su hermano Jes\u00fas, administrador del importante establecimiento yerbatero La Mar\u00eda Antonia.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image aligncenter size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"219\" height=\"327\" src=\"https:\/\/misioneshistoria.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1-Los-hermanos-Andrs-Jess-y-Juan-Pablo-Palacios-fit-219x327-1.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-3791\" srcset=\"https:\/\/misioneshistoria.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1-Los-hermanos-Andrs-Jess-y-Juan-Pablo-Palacios-fit-219x327-1.png 219w, https:\/\/misioneshistoria.com.ar\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/1-Los-hermanos-Andrs-Jess-y-Juan-Pablo-Palacios-fit-219x327-1-201x300.png 201w\" sizes=\"auto, (max-width: 219px) 100vw, 219px\" \/><\/figure>\n\n\n\n<p>En La Mar\u00eda Antonia se produc\u00eda yerba mate por medio del cultivo. Sus verdaderos due\u00f1os eran los venezolanos Herrera Vegas, radicados en Buenos Aires desde 1871. El patriarca de la familia cas\u00f3 a sus hijos con las ni\u00f1as Pereyra Iraola, reconocidos terratenientes y hacendados porte\u00f1os. Los dos apellidos formaron un poderoso clan econ\u00f3mico con s\u00f3lidos negocios repartidos por todo el pa\u00eds. Se dedicaban a la ganader\u00eda, a la agricultura; pose\u00edan tambos, curtiembres, caballerizas y vi\u00f1edos. Tambi\u00e9n incursionaron en la explotaci\u00f3n minera y la refiner\u00eda. En el Alto Paran\u00e1 fundaron una empresa llamada Propiedad Tierras y Maderas del Iguaz\u00fa, que contaba con 90.000 hect\u00e1reas de explotaci\u00f3n de selva.<\/p>\n\n\n\n<p>Rafael y Marcelino Herrera Vegas hab\u00edan adquirido una extensa propiedad en Paraguay, donde levantaron el obraje Zona Grande S.A. Justo enfrente, en la costa misionera, en 1910 compraron a los herederos del ex gobernador Rudecindo Roca, tres mil hect\u00e1reas de tierra sobre el arroyo Cazador y bautizaron el establecimiento en honor a la esposa de Rafael, un hombre destacado que fue presidente del Banco de la Naci\u00f3n y Ministro de Hacienda. Le entregaron el manejo del negocio a sus primos los Palacios Quintans, una familia que, como ellos, proced\u00edan de un arraigado linaje aristocr\u00e1tico de Venezuela, unidos por lazos de parentesco que se remontaban al libertador Sim\u00f3n Bol\u00edvar. En 1912, Juan Pablo, Andr\u00e9s y Jes\u00fas Palacios se mudaron a San Ignacio con su madre viuda y sus dos hermanas. Viv\u00edan todos juntos en la enorme casona estilo caribe\u00f1o que hab\u00edan construido. De Caracas se trajeron a Mar\u00eda Masero, una mujer afroamericana que fue su ama de llaves. Los hermanos firmaron un contrato como socios administradores, correspondi\u00e9ndoles el 30% de las ganancias netas por el comercio de yerba. Se encargaron de los trabajos de desmonte para las plantaciones y de la construcci\u00f3n de secaderos. R\u00e1pidamente se volvieron personas destacadas y la mayor\u00eda se refer\u00eda a La Mar\u00eda Antonia como \u201cde los Palacios\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>San Ignacio gozaba de un renovado crecimiento. Gentes de todos lados llegaban buscando nuevas oportunidades. El pueblo se llenaba de casas y villas, el dinero corr\u00eda, el comercio es intenso. Se viv\u00eda un auge econ\u00f3mico a partir de la puesta en funcionamiento de los establecimientos industriales dedicados a la producci\u00f3n de yerba bajo cultivo. All\u00ed trabajaban cientos de peones y jornaleros, proletarizados con sueldos nominales. Algunos incluso habitaban las viviendas construidas por las empresas plantadoras. Sufr\u00edan la misma explotaci\u00f3n laboral y la falta de derechos que el resto de la clase obrera del pa\u00eds. Por eso contaban con un fuerte sindicato, fundado en 1920 y liderado por el valiente militante paraguayo Eusebio Ma\u00f1asco. Eso nunca hab\u00eda ocurrido antes en ning\u00fan lado. La sede se encontraba ubicada sobre una de las calles laterales que rodean los restos de la plaza de la antigua ciudadela jesu\u00edtica en ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>La dif\u00edcil tarea de redescubrir la t\u00e9cnica para hacer crecer la planta de yerba hab\u00eda llegado a su fin. Nuevos experimentos retomaron el camino dejado por Bonpland. El ansiado milagro ocurri\u00f3 en una remota colonia alemana del Paraguay en 1897. En Nueva Germania, el colono e investigador Federico Neumann, produjo los primeros plantines en vivero a partir de la germinaci\u00f3n de semillas. En 1903, se conocen el empresario Julio Martin, el ingeniero agr\u00f3nomo Pablo Allain y el reconocido naturalista Charles Thays. Los tres extranjeros de origen suizo franc\u00e9s se encontraban en Misiones interesados en las t\u00e9cnicas de implante, al igual que el cient\u00edfico Antonio Llamas. Estos hombres promovieron el desarrollo de una nueva forma de producir yerba, cultiv\u00e1ndola artificialmente en extensos descampados. Muy distinto a los obrajes del Alto Paran\u00e1, donde se extra\u00eda la planta que crec\u00eda en estado silvestre en los manchones de selva. Grandes capitales comenzaron a invertir y los m\u00e1s importantes se radicaron en San Ignacio. El magnate suizo fund\u00f3 la empresa Martin &amp; C\u00eda. en 1904, gracias a sus buenas relaciones con el presidente Roca y el gobernador Lanusse. En 1910 se crea la sociedad La Plantadora de Yerba Mate S. A., con Allain como encargado y principal accionista. En 1913, los Palacios consiguieron cultivar con \u00e9xito los plantines comprados a la Estaci\u00f3n Experimental de Loreto. En 1916, comenzaron a cosechar los yerbales implantados y concretar las primeras ventas. En 1921 tuvieron una cosecha record, con mil toneladas.<\/p>\n\n\n\n<p>Horacio Quiroga dej\u00f3 la descripci\u00f3n de una t\u00edpica plantaci\u00f3n en su art\u00edculo titulado El cultivo de la yerba mate, publicado por el diario La Naci\u00f3n en noviembre de 1920. El escritor se mostr\u00f3 muy interesado en el fen\u00f3meno y tambi\u00e9n se refiri\u00f3 a un grupo de patrones plantadores que viv\u00eda en el lugar. Unos hombres que seg\u00fan \u00e9l actuaban de manera despreciable y pose\u00edan escasos conocimientos sobre el delicado cuidado de la planta. Hablaba de los hermanos Palacios, a quienes detestaba y dec\u00eda ser gente cruel y grosera. Pero el que mayor desprecio le daba era Jes\u00fas. Sin nombrarlo directamente, lo mostr\u00f3 como un empresario bruto e irresponsable por arrojar cal viva sobre las fr\u00e1giles plantitas. El hecho ocurri\u00f3 durante una epidemia que azot\u00f3 los campos de La Mar\u00eda Antonia arruinando casi la totalidad de las plantaciones, y a su administrador no se le ocurri\u00f3 mejor idea que \u201ccurarlas\u201d de esa manera. Quiroga volvi\u00f3 a contar la misma an\u00e9cdota en su novela Pasado Amor, un tri\u00e1ngulo amoroso que sucede en un pueblo ficticio llamado Ivirarom\u00ed, que en realidad es San Ignacio. Sus personajes principales, Salvador I\u00f1\u00edguez, est\u00e1 inspirado en Jes\u00fas Palacios, Pablo I\u00f1\u00edguez, en Juan Pablo Palacios, y el protagonista Mor\u00e1n, es \u00e9l mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Palacios eran gente muy distinguida, respetados por su posici\u00f3n econ\u00f3mica y social. En los a\u00f1os que van desde 1915 a 1925, llegaron a estar entre los yerbateros m\u00e1s adinerados de la regi\u00f3n. Se codeaban con la elite local, representada por la nueva burgues\u00eda nacida al calor de las plantaciones. Pero tambi\u00e9n fueron conocidos por su soberbia. El mayor de los tres, Juan Pablo, hab\u00eda adquirido renombre por ser un gran jugador y apostador compulsivo. Seg\u00fan se dec\u00eda, en una oportunidad hizo saltar la banca del Casino de Mar del Plata. Presum\u00eda haber realizado junto a Pablo Allain el primer viaje en autom\u00f3vil desde San Ignacio a Posadas. Fue quien ensay\u00f3 plantar probando desmontar el terreno por completo, y al resultar exitoso el m\u00e9todo, de ah\u00ed en m\u00e1s todas las plantaciones se realizaron a cielo abierto. El del medio, Andr\u00e9s, era visto como var\u00f3n altanero, de porte elegante y fama de galancito de pueblo. Un yerbatero adinerado y portador de apellido ilustre. Pero el que m\u00e1s se destacaba era Jes\u00fas Mar\u00eda, o \u201cChucho\u201d, como le dec\u00edan. El menor se convirti\u00f3 en cabecilla de los tres hermanos y l\u00edder de la familia.<\/p>\n\n\n\n<p>La influencia de los patrones venezolanos se extend\u00eda a sus contactos con el gobierno del territorio y el poder municipal. Integraron varias veces la Comisi\u00f3n de Fomento de San Ignacio, altern\u00e1ndose en los cargos para los cuales eran designados por el propio gobernador. En 1919 y 1920, Juan Pablo ocup\u00f3 el puesto dos veces. En 1921, Jes\u00fas fue nuevamente elegido como miembro y estuvo junto a su hermano Andr\u00e9s, que ese mismo a\u00f1o decidi\u00f3 renunciar. En su lugar lo reemplaz\u00f3 Juan Pablo, que volv\u00eda a ser parte de la comisi\u00f3n, puesto al que fue reelegido en 1922. Al mismo tiempo, Jes\u00fas asum\u00eda la presidencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez dominada la t\u00e9cnica del cultivo los plantadores de Misiones se propusieron mecanizar la producci\u00f3n, incorporando nuevos aparatos para el secado y tostado de la hoja. En pocos a\u00f1os, La Mar\u00eda Antonia logr\u00f3 que la secansa se hiciera totalmente en forma autom\u00e1tica. Era una \u00e9poca de fuertes cambios e innovaciones a nivel mundial, promovidas por individuos visionarios y por las necesidades de progreso y modernidad. La paz que trajo el final de la Primera Guerra Mundial, impregn\u00f3 de optimismo a una sociedad occidental que ansiaba vivir mejor. El crecimiento econ\u00f3mico acompa\u00f1\u00f3 ese deseo. La expansi\u00f3n del cr\u00e9dito y la inversi\u00f3n productiva tuvieron nuevo impulso. Las f\u00e1bricas se automatizaban a trav\u00e9s de modernas l\u00edneas de montaje. Nuevos inventos mejoraban la calidad de vida de la gente. El uso cada vez m\u00e1s extendido del autom\u00f3vil, la aparici\u00f3n de la radio, la m\u00fasica jazz. Estamos en los dorados a\u00f1os veinte; en los a\u00f1os locos. Pero todo no fue m\u00e1s que una ilusi\u00f3n que r\u00e1pidamente se desvaneci\u00f3 con la ca\u00edda de la Bolsa de Walt Street en 1929.<\/p>\n\n\n\n<p>Cerca de la peque\u00f1a localidad de Loreto viv\u00eda con su familia el colono dan\u00e9s Allan Stevenson. En su chacra ten\u00eda muchas hect\u00e1reas de yerba plantada pero era m\u00e1s conocido por su ingenio e iniciativa. Construy\u00f3 un extra\u00f1o aparato de su invenci\u00f3n. Un prototipo autom\u00e1tico para mecanizar la elaboraci\u00f3n de yerba mate que interes\u00f3 a los hermanos Palacios. Horacio Quiroga fue testigo de c\u00f3mo funcionaba la extravagante maquinaria, y la particular manera de describirla en su art\u00edculo de La Naci\u00f3n no tiene desperdicio. Cuando Stevenson aparece muerto el 7 de junio de 1921, iba en su cami\u00f3n en direcci\u00f3n a La Mar\u00eda Antonia porque se encontraba armando un secadero a pedido de Jes\u00fas Palacios. Su asesinato se llev\u00f3 a cabo en un dudoso incidente ocurrido en medio de las huelgas obreras yerbateras de 1920 y 1921. Jes\u00fas y Andr\u00e9s fueron de los patrones m\u00e1s reaccionarios ante las protestas de los peones. El papel de ambos fue lamentable y se volvieron muy violentos. Fundaron la brigada local de la Liga Patri\u00f3tica Argentina, creando una asociaci\u00f3n patronal de trabajadores conocida como \u201cLiga Palacios\u201d, que en realidad estaba integrada por carneros y matones pagos. Dirigieron su odio hacia Ma\u00f1asco, intentando sin \u00e9xito sobornarlo y matarlo contratando un sicario. Es muy probable que hayan estado involucrados en el ataque contra la sede del sindicato, cuando una serie de disparos provenientes de un Fort T arremetieron sobre el local. Celebraron de lo lindo cuando consiguieron hacer creer a todos y convencer a la justicia de que Ma\u00f1asco hab\u00eda mandado matar a Stevenson. El sindicato desapareci\u00f3 y la huelga termin\u00f3. Pero todo esto es historia aparte.<\/p>\n\n\n\n<p>La cosecha del a\u00f1o 1921 hab\u00eda alcanzado un n\u00famero r\u00e9cord en La Mar\u00eda Antonia. Fiel al comportamiento altanero y fanfarr\u00f3n de sus administradores, decidieron festejar a lo grande y derrocharon una fortuna repartiendo cuantiosas gratificaciones. En la tradicional celebraci\u00f3n de finalizaci\u00f3n de la zafra que se realizaba cada a\u00f1o, organizaron un gran asado para todo el personal servido en la plaza principal de San Ignacio. Mandaron carnear doce novillos y entregaron dinero en efectivo a los empleados y obreros jerarquizados. El lugar elegido sol\u00eda ser siempre la propia plaza jesu\u00edtica y el almuerzo era acompa\u00f1ado por grandes cantidades de vino y ca\u00f1a paraguaya. Los m\u00e1s fieles eran quienes se mostraban m\u00e1s entusiastas y enfervorizados en estas fiestas, lanzando vivas a la patria, la Liga Patri\u00f3tica y en favor de sus patrones que se los ve\u00eda sentados al pie de la fachada de la iglesia en ruinas. No obstante, la felicidad dur\u00f3 poco.<\/p>\n\n\n\n<p>La gran cosecha fue almacenada en un dep\u00f3sito de concreto, de un modo muy diferente a los noques, provistos de paredes especiales y pisos de madera elevados del suelo para resguardar la yerba de la humedad. Pero el ingenio de los Palacios no ten\u00eda l\u00edmites y decidieron innovar. Como consecuencia del mal almacenamiento, el lote se humedeci\u00f3 y toda la producci\u00f3n se ech\u00f3 a perder. Esto provoc\u00f3 serios desbalances financieros en la compa\u00f1\u00eda, sumado al despilfarro durante los festejos y a que hab\u00edan iniciado nuevas plantaciones a t\u00edtulo personal y con dinero de la empresa. Semejante desastre lleg\u00f3 a o\u00eddos de los Herrera Vegas, alert\u00e1ndolos sobre c\u00f3mo sus primos llevaban adelante el manejo del establecimiento. Ambas partes terminaron en un litigio que lleg\u00f3 a las primeras planas de los diarios y dur\u00f3 varios a\u00f1os. La justicia federal fall\u00f3 en favor de los tres hermanos, rescindiendo el contrato que los vinculaba con sus parientes y adjudic\u00e1ndoles el 30% del crecimiento patrimonial. A su vez, los due\u00f1os debieron transferir en propiedad 800 hect\u00e1reas pertenecientes a la firma, de las cuales doscientas se encontraban en plena producci\u00f3n con yerbales implantados. Esta fracci\u00f3n separada y ubicada al sur de La Mar\u00eda Antonia se inscribi\u00f3 como propiedad de los Palacios, quienes al sentirse ganadores la llamaron El Triunfo, en clara alusi\u00f3n al \u00e9xito obtenido en el pleito que los hab\u00eda enfrentado con sus propios primos. Con ello lograron lo que siempre hab\u00edan deseado, que fueran reconocidos por la gente como verdaderos due\u00f1os de un establecimiento yerbatero, disfrutando algunos a\u00f1os m\u00e1s de la riqueza derivada del oro verde.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de entonces, los Palacios desaparecieron de la escena p\u00fablica. En 1928, Juan Pablo se separ\u00f3 de sus hermanos y comenz\u00f3 otro negocio por su cuenta vendiendo tierras. Al igual que su primo Rafael, bautiz\u00f3 a su nueva propiedad en honor a su esposa. Petra, la sobrina de Mar\u00eda Masero fue la casera del lugar. Pero a Juan Pablo no le fue bien y al poco tiempo se volvi\u00f3 con su familia a Venezuela. A\u00fan hoy figura en los mapas la \u201cColonia Juan Pablo Palacios\u201d y el paraje \u201cLa Mar\u00eda Cristina\u201d. Los otros dos hermanos continuaron manejando El Triunfo hasta que Andr\u00e9s falleci\u00f3 en 1955. Qued\u00f3 solo Jes\u00fas pero vendi\u00f3 la propiedad en 1971. Al a\u00f1o siguiente muri\u00f3 con 82 a\u00f1os de edad. Cuando aquella vez secuestr\u00f3 las cartas de amor que Quiroga le enviaba en secreto a su hermana, confes\u00f3 que si \u00e9l fuera mujer se habr\u00eda enamorado del escritor por la elevaci\u00f3n rom\u00e1ntica del texto. La pobre Ipe fue enviada a la capital al poco tiempo y nunca volvi\u00f3 a Misiones. Falleci\u00f3 soltera y triste en Buenos Aires<\/p>\n\n\n\n<p>BIBLIOGRAF\u00cdA:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>SCHROEDER, Diego<\/strong> La rebeli\u00f3n en los yerbales. Primera Parte 1920-1921, Edici\u00f3n independiente, Posadas, 2019<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LARGU\u00cdA, Alejandro<\/strong> Misiones-Itap\u00faa y los pioneros del Oro Verde, Corregidor, Bs. As., 2006.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Escrito por Diego Schroeder Al pasar por la residencia de los Palacios, la la vendedora de verduras oculta sin que nadie vea una tacuarita entre el hueco de unos \u00e1rboles. 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