{"id":2632,"date":"2020-01-28T12:25:18","date_gmt":"2020-01-28T12:25:18","guid":{"rendered":"https:\/\/startersites.io\/blocksy\/blog\/?p=2632"},"modified":"2025-04-20T01:25:00","modified_gmt":"2025-04-20T01:25:00","slug":"malesuada-proin-libero-nunc-consequat-interdum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/misioneshistoria.com.ar\/malesuada-proin-libero-nunc-consequat-interdum\/julkant\/","title":{"rendered":"Una Postal de Horacio Quiroga"},"content":{"rendered":"\n<p>Germ\u00e1n Dras es el seud\u00f3nimo de Germ\u00e1n de Laferrere quien vivi\u00f3 una d\u00e9cada\u00a0en Misiones entre finales de los a\u00f1os 20 y 30 del siglo pasado. Seg\u00fan Kaul Gr\u00fcnwald, autor de la insuperada \u201cHistoria de la literatura de Misiones\u201d, Laferrere aparentemente \u201crivalizaba con Horacio Quiroga\u201d[1]. Cierto es que sus cuentos, en especial los \u201c\u2026 del alto Paran\u00e1\u201d se asemejan en la tem\u00e1tica y escenograf\u00eda, a los del autor uruguayo, pero Laferrere tiene un estilo y un paradigma propio. Para Javier Arguindegui sus \u201cobras [son] injustamente poco difundidas\u201d[2], opini\u00f3n con la que coincidimos plenamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo cierto es que en la literatura de Laferrere, quien vivi\u00f3 en San Ignacio de modo contempor\u00e1neo con Quiroga, se mezclan escenas reales e imaginarias, un poco de relato autobiogr\u00e1fico con un poco de literatura regional paisaj\u00edstica y reflexiva. En una ocasi\u00f3n Laferrere relata una circunstancia vivida, que es casi un testimonio sobre Quiroga, lo hace como un \u201ccontertulio\u201d en el cuento titulado \u201cEl se\u00f1or del Taba\u00ed\u201d, relato fechado en \u201cTeyucuar\u00e9 1935\u201d. El motivo de la narraci\u00f3n es muy diferente a la contextualizaci\u00f3n inicial que Laferrere hace en esta obra literaria-hist\u00f3rica. En su introducci\u00f3n describe una escena en la que de pronto roba protagonismo la figura de Horacio Quiroga, tal vez la pluma de Laferrere se dej\u00f3 llevar por el magnetismo de su vecino o tal vez el cuento le dio la ocasi\u00f3n de poder deslizar una postal humana desconocida del famoso Horacio Quiroga. No lo sabemos a ciencia cierta, aunque tenemos una opini\u00f3n formada sobre la autenticidad del relato.<\/p>\n\n\n\n<p>Proponemos entonces reflexionar sobre esta estampa tan real pero a la vez tan incierta, imagen poco conocida de Quiroga, discernir a partir de lo que conocemos del autor de los mens\u00fa, la gallina degollada, las medias de los flamencos y tantos otros cuentos que dejaron indelebles im\u00e1genes en nuestra imaginaci\u00f3n juvenil. Probablemente reconozcamos a un Quiroga real descripto por un colega o quiz\u00e1s s\u00f3lo a uno imaginario\u2026 pero sin duda el retrato que pinta de \u00e9l Laferrere bien vale ser tenido en cuenta ya sea por muy inspirado o por bien narrado. He aqu\u00ed la perlita:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn las tertulias de la \u201cPensi\u00f3n Dix\u201d y en las reuniones que se realizan sobre todo en las noches de los s\u00e1bados alrededor&nbsp; de las mesas del amplio bar, suelen contarse pintorescos episodios, corregidos y aumentados, ocurridos en obrajes o yerbales de las cercan\u00edas de san Ignacio y cuyos protagonistas, son casi siempre personas conocidas. No escasea el tema, especialmente cuando concurren al bar aquellos hombres, colonos y yerbateros, negociantes, artistas y contrabandistas, un poco viejos ya, cuyas propias haza\u00f1as dieron espeluznantes motivos a la literatura torturada de Horacio Quiroga. Como por ejemplo el tuerto y manco Vandendorp, que perdi\u00f3 su mano y su ojo en el fondo de un pozo al explotar la dinamita que su hermano hab\u00eda colocado, encendiendo la mecha en su ausencia una hora antes. O el silencioso Brun, que vino&nbsp; a San Ignacio por solo tres horas y se qued\u00f3 treinta a\u00f1os, y que una noche, habi\u00e9ndose acabado las bebidas alcoh\u00f3licas del bar, se bebi\u00f3, junto con su amigo Rivet, el alcohol carburado del la l\u00e1mpara del sal\u00f3n, muriendo Rivet por esta causa. O Isidoro Escalera, de cara zorruna, uno de los primeros pobladores de la regi\u00f3n, relator inagotable de aventuras, de todos los animales de la selva. O el pintor Giambiaggi, protagonista de mil situaciones originales. O a veces, cuando se cansa de la soledad, el mismo Quiroga que aparece asomando su aquilino perfil entre una mara\u00f1a de pelos grises. Quiz\u00e1s sea este el m\u00e1s interesante de los contertulios. Sus ojos claros solo se levantan para dirigir una mirada dura o saludar fr\u00edamente; camina con pasos r\u00e1pidos y todos sus movimientos indican que su flaco y menudo cuerpo est\u00e1 forrado de m\u00fasculos recios; sin saco ni sombrero, viste camisa y pantalones blancos y corbata oscura con el nudo mal hecho. Durante los primeros momentos mantiene su cl\u00e1sico aspecto osco y contesta secamente a las preguntas de sus amigos, pero toma una copas y comienza a sonre\u00edr, despu\u00e9s hace chistes y r\u00ede ya con franca alegr\u00eda moviendo la cara con toda clase de visajes, y termina pronunciando discursos en franc\u00e9s parado sobre una mesa o bailando con alg\u00fan otro barbudo tan alcoholizado como \u00e9l y como todos los dem\u00e1s.\u201d[3]<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p>[1] Kaul Gr\u00fcnwald, Guillermo. Historia de la literatura de Misiones. Posadas: EdUNaM, 1995. p.137<\/p>\n\n\n\n<p>[2] Arguindegui, Javier. Posadas. Diario El Territorio. Mi\u00e9rcoles 6 de enero de 2010.<\/p>\n\n\n\n<p>[3] Laferrere, Germ\u00e1n de. Cuentos del Alto Paran\u00e1. Buenos Aires: El Ateneo, 1950.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Germ\u00e1n Dras es el seud\u00f3nimo de Germ\u00e1n de Laferrere quien vivi\u00f3 una d\u00e9cada\u00a0en Misiones entre finales de los a\u00f1os 20 y 30 del siglo pasado. Seg\u00fan Kaul Gr\u00fcnwald, autor de la insuperada \u201cHistoria de la literatura de Misiones\u201d, Laferrere aparentemente \u201crivalizaba con Horacio Quiroga\u201d[1]. 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