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¡Hola, exploradores! Hoy vamos a hacer un viaje en el tiempo, pero no necesitamos una máquina mágica, sino algo mucho mejor: los libros. Un gran investigador llamado Guillermo Kaul Grünwald estudió nada menos que 350 años de historias, cuentos y cartas escritas en la provincia de Misiones. Lo que descubrió es fascinante y nos demuestra que la literatura de esa región es tan única y sorprendente como la selva misma y las Cataratas del Iguazú. Hoy vamos a descubrir los secretos que guardan las letras misioneras.
Una selva que habla muchos idiomas ¿Sabías que los primeros libros de Misiones no estaban escritos solo en español? Según el investigador, la literatura misionera es “políglota”, lo que significa que a lo largo de su historia se escribieron obras en muchos idiomas, como por ejemplo: en latín, en italiano, en francés, en alemán y, lo más increíble, en el idioma de los pueblos originarios: ¡el guaraní!. Como Misiones es una tierra de fronteras, a veces los idiomas se mezclan y nacen formas de hablar muy curiosas como el altoparanaense o guarañol (una mezcla de español y guaraní) y el altouruguayense o portuñol (español y portugués).
Los primeros valientes: Misioneros e Paisanos Hace muchísimos años, en la “Época Hispánica”, llegaron unos sacerdotes llamados jesuitas. Ellos no traían armas, sino libros y cuadros con pinturas, instrumentos musicales, herramientas y por supuesto, cruces, y fundaron pueblos junto a los paisanos guaraníes. Uno de los más grandes héroes de esta época fue el Padre Antonio Ruiz de Montoya, quien salvó a miles de paisanos guiándolos por la selva y los ríos para escapar de unos cazadores de esclavos llamados mamelucos.
Montoya dejó escrito este éxodo increíble en un libro titulado La Conquista Espiritual. Para que escuchen su voz desde el pasado, miren cómo describe la tristeza de los paisanos al tener que abandonar sus hogares y sus iglesias dejando atrás sus instrumentos musicales:
“Llevaban arpas e instrumentos músicos, con que en su patria daban música á Dios en sus festividades… No sirviéndole ya más que para una triste memoria, los dejaron perdidos entre las peñas de aquel áspero camino”.
Pero los sacerdotes no fueron los únicos que escribieron. ¡Los propios paisanos guaraníes también tomaron la pluma! Un cacique llamado Nicolás Yapuguay escribió libros preciosos que llegaron a imprimirse, y otro paisano llamado Melchor escribió la historia de su propio pueblo “Corpus” dibujando incluso mapas de sus ríos y montes. ¡Fueron los primeros escritores nacidos en esa tierra!.
El asombro frente a las Cataratas Mucho tiempo después, Misiones empezó a recibir la visita de marinos, científicos y exploradores que venían a trazar mapas o estudiar las plantas. Imagínense ser las primeras personas en ver las Cataratas del Iguazú. ¡Quedaban con la boca abierta! Un marino llamado Juan Francisco Aguirre, que viajó por allí a fines de 1700, dejó en su Diario esta hermosa descripción del paisaje:
“El confuso ruido de las aguas, sus choques y embates, el color cetrino y turbio de ellas, el casi negro de las paredes, su altura cubierta de bosque unido y sombrío… hacen el sitio junto al salto tristísimo y asombroso. Mas si en el propio parage se eleva cualquiera de modo que domine los trozos de río… logrará una vista muy admirable. Verá que la anchura de él forma un plano de agua mansa y azul… de cuyo lago se desprenden las grandes cascadas de espuma sumamente blanca…”.
El peligro, los trabajadores y el gran Horacio Quiroga A medida que pasaron los años, la selva empezó a ser explotada para sacar madera y yerba mate. Los hombres que hacían este trabajo tan duro y peligroso se llamaban mensús. A la selva llegaban personas huyendo de sus pasados, buscando paz, pero se encontraban con un trabajo agotador, calor, mosquitos y peligros mortales.
El escritor más famoso que contó estas historias fue Horacio Quiroga. Él no nació en Misiones, pero se enamoró de la selva y vivió allí muchos años. Quiroga era un maestro del suspenso y del terror, y usaba la naturaleza como escenario de sus cuentos. En uno de sus relatos más famosos, llamado “A la deriva”, nos cuenta lo peligroso que era caminar por el monte:
“El hombre pisó algo blancuzco, y enseguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse, con un juramento vio una yarará cusú que, arrollada sobre sí misma, esperaba otro ataque. El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura.”.
¿Qué hace tan especial a la literatura de Misiones? Al final de su gran investigación, Guillermo Kaul Grünwald nos deja un resumen de por qué los libros de Misiones son únicos en toda la Argentina. Tienen un “corazón” formado por tres características muy claras:
A veces, la historia de esta provincia fue tan dura y triste por las guerras y el abandono, que hasta personas que no eran escritores se animaron a tomar papel y lápiz para pedir justicia o contar lo que veían.
A través de la lectura de todos estos valientes, desde el Padre Montoya y el cacique Yapuguay hasta Horacio Quiroga, podemos descubrir la verdadera identidad misionera. ¡La selva no solo está hecha de árboles y agua, sino también de palabras y recuerdos!.
