Las fuentes documentales y gráficas describen la devastadora tragedia ocurrida el 20 de septiembre de 1926, cuando un violento tornado arrasó la ciudad paraguaya de Encarnación. A través de fotografías de las ruinas y crónicas de la época, se detalla la destrucción masiva de edificios emblemáticos como el Banco de la República y el Club Social, resultando en cientos de víctimas fatales. Los textos resaltan el heroísmo de figuras como el foguista Juan Perotti, quien dio su vida para evitar electrocuciones masivas, y la labor del Padre José Kreusser junto a Jorge Memmel. Se destaca especialmente la solidaridad de Posadas, Argentina, ciudad vecina que brindó auxilio inmediato transformando barcos en hospitales flotantes para socorrer a los damnificados. Estos registros históricos, hoy centenarios ya, conmemoran tanto el dolor del desastre natural como los lazos de fraternidad que unieron a ambos pueblos en la reconstrucción.

Reconstruimos la historia de la imprenta jesuítica en las Misiones con fuentes documentales, destacándola como la primera experiencia editorial autóctona del Río de la Plata a principios del siglo XVIII. Los textos detallan cómo los sacerdotes y los artesanos guaraníes fabricaron prensas de madera y fundieron tipos móviles de estaño para publicar obras monumentales, como las de Nicolás Yapuguay y el Padre Nierenberg. Se resalta la extraordinaria destreza de los grabadores indígenas, ejemplificada en la figura de Juan Yaparí, quien logró reproducir complejas ilustraciones europeas mediante técnicas locales. Tras la expulsión de la orden, la imprenta misionera cayó en el abandono, mientras que el equipamiento de la imprenta de Córdoba fue trasladado para fundar la Real Imprenta de Niños Expósitos en Buenos Aires. Finalmente, los documentos describen el ocaso de estos talleres, cuyos restos fueron inventariados en 1784 y que, posteriormente, quizás fueron utilizados para la reconstrucción histórica de prensas exhibidas en museos actuales.

El 25 de marzo de 1615 es la fecha real de la fundación del poblado que dio origen a la ciudad de Posadas, es preciso entender que en esa fecha aquí estaban las aldeas de los caciques TERAPUA AÑAPESE Y ÑAMANDÚ y fueron ellos quienes aceptaron la predica de Roque González de Santa Cruz cambiando para siempre la historia del sitio en el que se crearía entonces la primera Misión de lo que luego sería conocido como Misiones justamente por la abundancia de poblaciones de este tipo. Posadas no nació de una ordenanza de un dictador paraguayo que ordenaba despoblar este lugar y establecer un puesto militar y aduanero tampoco nació de un decreto de la legislatura correntina… tenemos ya 411 años de historia de pura resiliencia trabajo y perseverancia no debemos olvidarlo

Itapúa pasó de reducción religiosa a gran estancia ganadera tras el traslado de su núcleo principal en el siglo XVII, en cuatro etapas:

Fundación y traslado (1615-1621): San Roque González de Santa Cruz fundó en 1615 la reducción de Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa, en la margen izquierda del Paraná (hoy Posadas). Entre 1620 y 1621, por pestes y agotamiento de leña y tierras fértiles, el pueblo, la iglesia y el colegio se trasladaron a la orilla opuesta (actual Encarnación, Paraguay).

De misión a estancia: El territorio original no fue abandonado; sus pastos bajos y arroyos (cerramientos naturales) lo hacían idóneo para la ganadería. En 1627 aparece la Vaquería de San Antonio, reserva de vacas para alimentar a los pobladores; en 1629 se estableció el puesto “Puerto de Santa Cruz” para el movimiento de personas y bienes; y en 1633 ya se usaba formalmente el término “estancia” o majada.

Apogeo de la “Estancia Grande de Itapúa”: Sostuvo la economía de la reducción con capillas, viviendas para peones (“estancieros”), corrales y pircas (muros de piedra). Al expulsarse a los jesuitas en 1768 tenía 40.200 vacunos, más unos 12.000 caballos, mulas y ovejas. Funcionaba bajo el Tupambaé (“propiedad de Dios”), un régimen comunal cuyos beneficios sustentaban a todo el pueblo y socorrían a los necesitados.

Decadencia y disolución (1768-1800): Tras la expulsión, la administración pasó a funcionarios coloniales; pese a que el trabajo común continuó al principio, la mala gestión y la corrupción provocaron la dispersión de la población y la ruina material. En 1799, las reformas del virrey Avilés, que buscaban reemplazar la comunidad por la propiedad individual, pusieron fin a la Estancia Grande como propiedad colectiva y desmembraron el territorio ganadero, próspero por más de un siglo.

La resistencia guaraní-jesuítica contra las bandeiras esclavistas evolucionó desde retiradas y éxodos hacia una organización militar formal e innovadora. Al inicio, los indígenas carecían de adiestramiento y de armas de fuego, prohibidas por la corona española, y sufrieron la destrucción de misiones y la esclavitud de miles de guaraníes.

El cambio de estrategia fue liderado por los caciques Nicolás Ñeenguirú (capitán general), Ignacio Abiarú, Arazay y Francisco Mbayroba, al mando de batallones por reducciones. Los jesuitas Pedro Romero y Diego de Alfaro, junto con el hermano artillero Domingo Torres, los entrenaron en combate terrestre y naval, y el padre Antonio Ruiz de Montoya obtuvo del rey Felipe IV la Real Cédula de 1640, que autorizó legalmente el uso de armas de fuego.

Ante la escasez de artillería, fabricaron cañones de tacuaruzú reforzados con cuero de res, que resistían pocos disparos pero alcanzaban 200 metros e intimidaban por su estruendo. Para Mbororé prepararon canoas rápidas y balsas artilladas con escudos, y en tierra aplicaron guerrilla oculta en la vegetación costera, con flechas y arcabuces. Además, montaron una red de espías (“bomberos”) en cerros del río Uruguay, con postas que alertaban del avance enemigo con días de antelación, y usaron cerbatanas con dardos para vigilancia y capturas silenciosas.

Derrotaron a las expediciones esclavistas en Caazapá Guazú y, sobre todo, en Mbororé (1641), defendiendo su libertad, familias y territorio como una “causa justa”. La victoria dio origen a un ejército indígena permanente que protegió las fronteras españolas por más de un siglo y frenó definitivamente el expansionismo bandeirante.

La relación entre la provincia de Misiones y el archipiélago malvinense no es un accidente de la geografía, sino un vínculo geopolítico inalienable que constituye el hilo conductor del reclamo soberano argentino. Desde nuestra tierra colorada, la soberanía se entiende como una construcción histórica que trasciende la distancia, cimentada en la continuidad geológica de la plataforma continental y en el sólido principio de uti possidetis juris. Al heredar los derechos de la Corona Española, la joven Nación Argentina no solo recibió un territorio, sino el mandato de administrarlo. Esta legitimidad abstracta cobró vida y sangre misionera desde los albores del siglo XIX, estableciendo una conexión ininterrumpida entre la selva guaraní y la turba malvinera que se validaría, un siglo y medio después, con el máximo sacrificio en el frente de batalla.

Este pequeño vídeo histórico analiza la disputa territorial y política en la región de Misiones a principios del siglo XIX, centrando su atención en las tensiones entre el proyecto federal de José Gervasio Artigas y el aislamiento de Paraguay. Los textos detallan las campañas militares de Andrés Guacurarí para recuperar territorios ocupados, así como las posteriores incursiones paraguayas que devastaron las poblaciones en la margen izquierda del río Paraná. Un punto fundamental del análisis es el debate historiográfico sobre el exilio final de Artigas, que aporta evidencias de que su entrada a Paraguay ocurrió por el paso de Itapúa, en la actual ciudad de Posadas. A través de crónicas de viajeros y cartas del dictador Gaspar Rodríguez de Francia, la fuente destaca la importancia estratégica de este sitio como eje comercial y de tránsito. Finalmente, el estudio busca reivindicar el valor histórico de la capital misionera como escenario de hechos trascendentales para la independencia regional.

La Revolución de Mayo suele narrarse como un drama de balcones y cabildos porteños, pero el destino de la libertad se selló en el barro rojo de la frontera. Mientras Buenos Aires debatía, en la selva misionera se libraba una guerra silenciosa de lealtades que pudo haber asfixiado a la Patria en su cuna. Misiones no fue un actor secundario; fue el muro de contención contra el absolutismo que acechaba desde el norte. Descubrir su historia es entender que la Revolución no solo se gritó en español, sino que también se defendió con fervor en guaraní.

Este video presenta la famosa obra Historia de la Literatura de Misiones, escrita por Kaul Grünwald, una visión histórica de la evolución literaria en Misiones, Argentina, abarcando desde la llegada de los jesuitas en 1615 hasta mediados del siglo XX. El autor destaca la naturaleza políglota y multicultural de la región, donde convivieron el latín, el guaraní y diversas lenguas europeas debido a las corrientes migratorias. Se resalta la labor cultural de la Compañía de Jesús, que estableció bibliotecas y sistemas de enseñanza que fusionaron los valores cristianos con la realidad indígena. El relato describe también la decadencia tras la expulsión jesuita en 1767, lamentando la pérdida de valiosos tesoros bibliográficos y documentales. Finalmente, la obra busca reivindicar la identidad misionera analizando cómo el paisaje selvático y las tensiones fronterizas han moldeado una producción escrita única, realizada mayoritariamente por autores provenientes de otras tierras.

En este video generado a partir de fuentes documentan la represión sistemática y el accionar del terrorismo de Estado en la provincia de Misiones durante la última dictadura militar argentina. A través de relatos biográficos y testimonios, se detalla la persecución a figuras emblemáticas como los hermanos Franzen, el líder agrario Pedro Peczak, Juan Figueredo y la docente Susana Ferreyra. Los textos subrayan la militancia política y gremial de jóvenes y campesinos que, pese a optar por vías democráticas, fueron víctimas de secuestros, torturas y asesinatos encubiertos como supuestos enfrentamientos. Asimismo, se describen los diversos centros clandestinos de detención distribuidos en la selva y las ciudades, resaltando la valiente resistencia de las madres y familiares de los detenidos. En conjunto, el material busca preservar la memoria histórica regional frente al olvido y reivindicar la dignidad de quienes lucharon por la justicia social en el agro y la universidad.

En este video generado a partir de fuentes documentan la represión sistemática y el accionar del terrorismo de Estado en la provincia de Misiones durante la última dictadura militar argentina. A través de relatos biográficos y testimonios, se detalla la persecución a figuras emblemáticas como los hermanos Franzen, el líder agrario Pedro Peczak, Juan Figueredo y la docente Susana Ferreyra. Los textos subrayan la militancia política y gremial de jóvenes y campesinos que, pese a optar por vías democráticas, fueron víctimas de secuestros, torturas y asesinatos encubiertos como supuestos enfrentamientos. Asimismo, se describen los diversos centros clandestinos de detención distribuidos en la selva y las ciudades, resaltando la valiente resistencia de las madres y familiares de los detenidos. En conjunto, el material busca preservar la memoria histórica regional frente al olvido y reivindicar la dignidad de quienes lucharon por la justicia social en el agro y la universidad.

Estas fuentes documentan las graves denuncias de corrupción y abusos territoriales cometidos por Marcelino Palacios en la región de Itapúa, Paraguay, a principios del siglo XX. A través de artículos periodísticos y correspondencia privada, se expone cómo este administrador de latifundios usurpó tierras fiscales y sometió a los pobladores locales a desalojos y cobros arbitrarios. Los documentos revelan un sistema económico cerrado en Puerto Cantera, donde se obligaba a los trabajadores a utilizar una moneda privada emitida por la propia administración en lugar de la divisa nacional. Los testimonios de figuras como Pedro de Llamas y Julián Bouvier destacan la complicidad de las autoridades gubernamentales ante estas estafas que afectaron la soberanía del país. En conjunto, el material sirve como una crónica histórica de la lucha contra la impunidad de los grandes terratenientes extranjeros y la desprotección del patrimonio paraguayo.

Presentamos una superficial recolección de fuentes documentales, bibliográficas y periodísticas con las que hicimos nuestra propia reconstrucción de esta parte tan importante de la historia de Misiones, abarcando desde el período jesuítico hasta la consolidación del Estado nacional argentino. La parte central del relato es la explotación laboral de los mensús, trabajadores rurales sometidos a regímenes inhumanos en los yerbales de finales del siglo XIX. Del lado de los explotadores destaca la figura de Domingo Barthe, poderoso terrateniente cuya influencia económica y política marcó el desarrollo comercial del territorio. El material busca preservar la memoria colectiva y la identidad multicultural del pueblo misionero. Como siempre, se intenta contar la historia de modo ameno y con lenguaje divulgativo para todo público, simplificando el relato; es posible que los más conocedores lo consideren superficial. Si eso ocurre, es básicamente porque así es en realidad y no pretende ser muy profundo ni abarcar la totalidad de los posibles abordajes del tema.

Analizamos una obra que explora la hipótesis del origen mestizo de José de San Martín, sosteniendo que fue hijo biológico del aristócrata español Diego de Alvear y una joven guaraní llamada Rosa Guarú. La investigación de Hugo Chumbita utiliza testimonios de la familia Alvear, memorias de contemporáneos y análisis fisonómicos para confrontar el relato de la historiografía liberal, la cual habría operado un “blanqueamiento” deliberado del prócer. Según esta fuente, su identidad indígena explica su profunda empatía con los pueblos originarios, su apoyo a una monarquía incaica y la hostilidad recibida por parte de las élites porteñas. Además, se rescata la memoria popular de Yapeyú y de Rosa Guarú como pruebas de una verdad histórica silenciada. El conjunto documental busca demostrar que el Libertador no fue un militar europeo, sino un hijo de la tierra americana cuya gesta estuvo intrínsecamente ligada a su raíz nativa.

La guerra guaranítica (1753) fue provocada por un acuerdo bilateral en el que España cedió a Portugal el territorio de las Misiones Orientales (siete prósperos pueblos de guaraníes al este del río Uruguay) a cambio de la Colonia del Sacramento. Esta permuta territorial exigía el desalojo forzoso y el desarraigo de cerca de 30.000 guaraníes, quienes debían abandonar sus tierras y templos en el plazo de un año. Sintiéndose traicionados por la Corona y negándose a entregar sus hogares a los portugueses —sus históricos enemigos y esclavistas—, los cabildos indígenas agotaron primero la vía diplomática mediante cartas y memoriales, pero finalmente optaron por la resistencia armada cuando los demarcadores de límites intentaron ingresar a sus territorios en 1753. El conflicto bélico formal enfrentó a las milicias guaraníes, lideradas por figuras como los caciques Sepé Tiarayú y Nicolás Ñeenguirú, contra los ejércitos aliados de España y Portugal. 

Este video analiza la figura de Melchor, un indígena guaraní de la reducción de Corpus Christi que se destacó como cronista y cartógrafo en el siglo XVIII. A través de testimonios jesuitas e investigaciones modernas, se reconstruye la existencia de su obra perdida, la cual documentaba la historia, geografía y tradiciones de su comunidad desde una perspectiva netamente indígena. La investigación de Julio Cantero resalta cómo los guaraníes integraron la escritura alfabética para preservar su memoria colectiva, superando las funciones meramente religiosas o administrativas de la época colonial. No obstante, la expulsión de los jesuitas en 1767 provocó la dispersión de estos valiosos archivos y el fin de un periodo de gran florecimiento intelectual. Actualmente, el legado de Melchor es reivindicado como una prueba fundamental de la *élite letrada nativa* y de su capacidad para registrar el pasado de América con voz propia.

Este video histórico propone que el pueblo guaraní fue el verdadero inventor de una forma primitiva de fútbol, ​​practicada mucho antes de la reglamentación moderna del deporte. A través de crónicas jesuitas de los siglos XVII y XVIII, se documenta el uso de una pelota de resina sólida que los nativos impulsaban exclusivamente con los pies. El autor destaca los testimonios de misioneros como Montoya, Cardiel y Peramás, quienes observaron estas actividades recreativas en las reducciones de la actual provincia de Misiones, Argentina. La fuente sugiere que esta tradición lúdica estaba profundamente arraigada en la cultura indígena y pudo haber influido en Europa tras la expulsión de los jesuitas. Finalmente, se vincula esta tesis con la obra pictórica de Léonie Mathis, que ilustra visualmente la importancia social del juego en las plazas de las misiones.

Las fuentes documentales detallan la vida y resistencia de José Gregorio Yancamil, un líder indígena ranquel que enfrentó la opresión del Estado argentino a finales del siglo XIX. Los textos describen su linaje, su papel en batallas emblemáticas como la de Cochicó y su captura a manos del coronel Rudecindo Roca, quien lo trasladó a Misiones para realizar trabajos forzados. Se relata con precisión la sublevación masiva de 1888 en el ingenio azucarero “San Juan”, motivada por las condiciones de servidumbre y el maltrato hacia las mujeres de su comunidad. Tras liderar una audaz fuga hacia el Paraguay, Yancamil se convirtió en un símbolo de dignidad frente a la explotación laboral y el despojo territorial. Finalmente, los archivos registran su regreso del exilio y su caída en la Pampa, consolidando su legado como el último grito de resistencia de su pueblo.

En 1610, los sacerdotes italianos José Cataldino y Simón Masetta se adentraron en la región selvática del Guairá con el objetivo de evangelizar y proteger a los indígenas guaraníes. Su labor dio inicio al proyecto misionero en la zona a través de fundaciones clave: Nuestra Señora de Loreto (1610): Fue la primera reducción formal del Guairá, erigida a orillas del río Paranapanema. San Ignacio de Pirapó (1610): Fundada pocos meses después ya escasos kilómetros de la primera, sirviendo como los dos pilares iniciales de la provincia jesuítica. El Cronista y Líder: Antonio Ruiz de Montoya. El padre Antonio Ruiz de Montoya se unió a las misiones del Guairá poco después de sus fundaciones y se convirtió luego en la figura central de la región.