Lo que todos aprendemos en la escuela
Seguramente ya conocés a José de San Martín: el General que cruzó los Andes con su ejército, liberó a la Argentina, Chile y Perú, y es uno de los próceres más importantes de nuestra historia. En los libros de texto y en los actos escolares, casi siempre lo vemos representado como un señor de piel clara, vestido con uniforme militar, mirando serio hacia el horizonte.
Esa es la versión oficial de su historia, la que se enseña desde hace más de cien años. Pero hay algo curioso: algunos investigadores creen que hay una parte de la vida de San Martín que quedó escondida durante mucho tiempo. Y para entenderla, tenemos que viajar hasta un pueblito llamado Yapeyú.
Un pueblo entre culturas
San Martín nació en 1778 en Yapeyú, un pueblo ubicado en lo que hoy es la provincia de Corrientes, dentro de lo que se llamaba “las Misiones”. Allí convivían españoles y guaraníes, los pueblos originarios de esa región.
Según la historia oficial, sus padres fueron Juan de San Martín, un militar español, y Gregoria Matorras, también española. Así lo cuentan la mayoría de los libros.
Pero hay un investigador, llamado Hugo Chumbita, que hace años empezó a investigar una teoría distinta, basándose en cartas antiguas y en descripciones que hicieron personas que conocieron a San Martín. Esa teoría dice que, en realidad, su padre biológico podría haber sido otro hombre —un marino español llamado Diego de Alvear— y su madre, una joven guaraní llamada Rosa Guarú. Según esta idea, el matrimonio San Martín-Matorras habría aceptado criarlo como propio para proteger el prestigio de Alvear, algo que en esa época se hacía a veces en secreto.
Esta es una teoría, no un hecho comprobado. No hay documentos oficiales, como una partida de nacimiento, que la confirmen. La mayoría de los historiadores sigue sosteniendo la versión tradicional. Pero es una historia tan interesante que vale la pena conocerla, siempre sabiendo que es una hipótesis y no una certeza.

Las pistas que encontraron los investigadores
Una de las pistas más citadas por Chumbita es un manuscrito escrito en Rosario el 22 de enero de 1877 por María Joaquina de Alvear, hija de Carlos de Alvear y nieta de Diego de Alvear. En ese texto familiar, Joaquina dice que José de San Martín era “hijo natural de mi abuelo, el señor don Diego de Alvear y Ponce de León, habido en una indígena correntina”. También agrega que su padre y el Libertador eran “hermanos carnales”. Algunos historiadores pusieron en duda este documento por problemas de salud mental que Joaquina tuvo después. Chumbita, en cambio, sostiene que el escrito fue hecho antes de ese período y que no hay motivo suficiente para descartarlo.

Otra pista importante aparece en los recuerdos transmitidos dentro de distintas ramas de la familia Alvear. Según esta tradición familiar, al menos cinco ramas distintas conservaron, sin estar conectadas entre sí, la idea de que Diego de Alvear era el verdadero padre de San Martín. Para quienes apoyan esta teoría, esa coincidencia no parece un simple rumor aislado, sino una memoria familiar repetida durante generaciones.
También está la tradición oral de Yapeyú y del litoral correntino. Allí se mantuvo durante mucho tiempo el relato de que una mujer guaraní llamada Rosa Guarú habría sido la madre biológica de San Martín, y que lo habría amamantado y cuidado cuando era niño. Según esa memoria popular, Rosa fue separada del pequeño José con la promesa de volver a verlo, algo que nunca ocurrió. Se cuenta además que conservó toda su vida un relicario de tela con una imagen del prócer y que pidió ser enterrada con él. Para los defensores de esta hipótesis, este relato coincide con la mención a una “indígena correntina” en los testimonios de la familia Alvear.
Chumbita también señala las descripciones físicas de San Martín. Según varios testimonios de la época, el Libertador era alto, de tez morena u aceitunada, ojos oscuros y cabello lacio. Esos rasgos llamaban la atención porque no coincidían del todo con la imagen de sus padres oficiales, Juan de San Martín y Gregoria Matorras. Además, algunos enemigos políticos lo atacaban con apodos como “el mulato”, “indio misionero”, “cholo” o “el tape de Yapeyú”. Para esta teoría, esos insultos muestran que muchas personas notaban en él rasgos americanos o mestizos.
También se mencionan algunas actitudes de San Martín hacia los pueblos originarios. En distintos momentos los llamó “nuestros paisanos los indios”, incorporó soldados guaraníes a sus tropas y, según esta lectura, habría dicho “yo también soy indio” ante caciques pehuenches en El Plumerillo. Además, apoyó la idea de una Monarquía Incaica durante los debates del Congreso de Tucumán. Para Chumbita, estas decisiones no fueron solo estrategia política o militar: también podrían mostrar una cercanía personal con ese mundo indígena y mestizo.
Otro punto que plantea la investigación tiene que ver con el dinero. La formación militar de San Martín en España y su acceso a libros y educación requerían recursos que, según Chumbita, superaban las posibilidades de Juan de San Martín, su padre oficial. Por eso propone que Diego de Alvear pudo haber ayudado económicamente al joven José de manera reservada. Esta idea también intenta explicar la cercanía de San Martín con Carlos de Alvear, quien, según la hipótesis, habría sido su medio hermano, y el hecho de que ambos regresaran juntos a América en 1812 en la fragata George Canning. Por último, Chumbita sostiene que Rosa Guarú no fue una figura inventada. Según su investigación, en censos históricos del Archivo de Corrientes aparece registrada descendencia vinculada a ella, como Félix Cristaldo, mencionado en el censo de 1841 de la jurisdicción de La Cruz, y otros familiares relacionados con la región. Para los defensores de la teoría, estos datos ayudan a mostrar que Rosa Guarú perteneció a una familia real, con presencia y continuidad en el litoral.

y a la derecha Retrato del General José de San Martín. Óleo sobre tela. Autor: José Gil (de Castro), 1818.
¿Por qué esta historia quedó oculta?
Los que defienden esta teoría explican que, en el siglo XIX, cuando se estaba armando la historia oficial de nuestro país, muchos dirigentes querían mostrar a la Argentina como una nación “europea”. Reconocer que uno de sus héroes más importantes era mestizo no encajaba con esa idea, así que prefirieron no hablar del tema.
¿Qué frena el análisis genético?
Una forma de acercarse a una respuesta más firme sería hacer un análisis de ADN sobre los restos de San Martín y compararlos con muestras de posibles descendientes de Diego de Alvear. Sin embargo, según Chumbita, ese camino encontró varios frenos políticos, institucionales y legales. Hubo rechazo tanto del Instituto Sanmartiniano como de la Academia Nacional de la Historia se opusieron a avanzar con la prueba genética. Se llegó a declarar que la iniciativa de estudios genéticos eran una “conspiración subversiva indigenista” y pronunció discursos públicos contra quienes, según su visión, pretendían “agraviar la memoria del libertador” .
Desde sectores oficiales se defendió la versión tradicional y se habló de mantener la “inviolabilidad de sus cenizas”, una idea usada para rechazar la exhumación y el estudio de los restos. Además, cuando los investigadores acudieron a la Secretaría de Cultura y a la Defensoría del Pueblo de la Nación para intentar viabilizar el estudio, se encontraron con un vacío legal que impedía regular, autorizar o realizar la extracción de muestras de ADN en restos de figuras históricas custodiadas por el Estado.
Para resolver ese problema, se intentó avanzar con proyectos de ley en el Congreso. En 2006, la Cámara de Diputados auspició la investigación por iniciativa de los diputados Araceli Méndez de Ferreyra y Eduardo Galantini. Más tarde, en 2012, la diputada María Elena Chieno presentó otro proyecto para autorizar los estudios. Como esas leyes no se aprobaron, la vía legislativa quedó frenada.
Ante la falta de una ley clara y las trabas administrativas, los investigadores recurrieron a la Justicia para pedir autorización y tratar de destrabar el estudio genético. Aun así, quienes impulsan el estudio sostienen que la comparación genética sería posible, porque ya existirían muestras biológicas de referencia, como una muestra de sangre del ingeniero Jorge de Alvear, descendiente directo de Diego de Alvear, depositada en el Banco Nacional de Datos Genéticos.
¿Y entonces, qué es verdad?
La verdad es que no lo sabemos con seguridad. La historia oficial cuenta una versión, y esta teoría propone otra, basada en pistas, cartas y testimonios, pero sin una prueba definitiva. Los historiadores todavía debaten sobre esto, y quizás nunca haya una respuesta 100% segura.
Lo lindo de conocer las dos versiones es que nos ayuda a entender algo importante: la historia no siempre es una sola verdad fija, sino que a veces se construye con lo que las personas de cada época decidieron contar, ocultar o recordar. Y siempre hay nuevas pistas para investigar, como verdaderos detectives del pasado.
¿Ustedes qué piensan? ¿Les parece interesante esta otra cara posible de la historia de San Martín? ¿Debería permitirse hacer los estudios de ADN y resolver de una vez esta incógnita latente?
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